El clavo que salvó millones de piernas
fue rechazado, ridiculizado, y traído de contrabando desde la Alemania nazi por un austriaco obsesivo
La primera vez que me dejaron clavar un fémur como residente, flipé.
Es tu primera cirugía “de verdad” en traumatología. Te dan permiso para meter un clavo dentro del canal medular de un hueso roto. Parece medieval pero funciona tan bien que un paciente con fractura de fémur que antes estaría 6 semanas en cama está caminando en días.
Increible en su simplicidad: hueso roto, clavo dentro, estabilidad y paciente caminando. No es elegante ni sofisticado, pero funciona.
Lo que me flipó todavía más fue cuando descubrí su origen histórico.
Porque resulta que el clavo intramedular (ese invento que salvó millones de piernas y que usamos en cada fémur roto del planeta) fue rechazado, ridiculizado y traido de contrabando desde la Alemania nazi en medio de la Segunda Guerra Mundial.
Y el contrabandista fue el mismo austriaco obsesivo del que hablamos hace unas semanas: Lorenz Böhler.
Esta es sólo una parte de la historia que prometí contarte.
Berlín, marzo de 1940: el rechazo más estúpido de la historia de la medicina
Congreso de Cirugía de Berlín. Plena Segunda Guerra Mundial. Gerhard Küntscher (un cirujano alemán de 40 años trabajando en Kiel) presenta 13 casos de fracturas tratadas con un clavo de acero inoxidable insertado dentro del canal medular del hueso.
La respuesta de sus colegas: rechazo absoluto. Ridiculización. Desprecio.
El enfoque más bárbaro jamás practicado en el tratamiento de fracturas óseas.
Küntscher queda como un outsider dentro del régimen nazi. Un paria entre los cirujanos alemanes. El ejército alemán rechaza su técnica oficialmente.
¿El problema? Los cirujanos alemanes no entienden lo que están viendo. Buscan complejidad quirúrgica. Küntscher les está mostrando simplicidad.
Esperan bisturíes mágicos. Küntscher les ofrece un clavo y un martillo. En la audiencia hay un austriaco de 55 años que reconoce inmediatamente lo que acaba de ver: una revolución.
El contrabandista
Lorenz Böhler sale del congreso con un clavo de Küntscher escondido en su equipaje.
Esto no es un detalle menor: contrabandear tecnología médica de la Alemania nazi en tiempos de guerra es una empresa peligrosa. Alemania tenía restricciones severas sobre flujo de información. Control absoluto sobre avances tecnológicos.
Böhler lo hace igual. Vuelve a Viena. Practica la técnica en su Unfallkrankenhaus. Funciona exactamente, tal y como Küntscher prometió. Empieza a enseñarla. La técnica se expande por Europa.
Mientras tanto en Alemania, Küntscher recibe su castigo por presentar una idea que los cirujanos alemanes rechazaron: el ejército lo manda a un hospital aislado en Laponia, Finlandia. Lo más lejos posible de cualquier batalla importante.
Un castigo disfrazado de destino militar.
Lo que pasó en Finlandia
1942-1944. Hospital alemán en Kemi, Finlandia. Küntscher opera civiles. Opera soldados heridos de ambos bandos del frente. Y perfecciona su técnica.
El clavo intramedular de Küntscher tiene forma de trébol en sección transversal. Acero inoxidable. Hueco. Se inserta sin abrir la fractura, percutáneo, guiado por fluoroscopia (rayos X).
Tres ventajas increíbles:
No abres la fractura: menos infección, menos daño a tejidos blandos
Estabilidad inmediata: el clavo llena el canal medular, fricción con el hueso da estabilidad rotacional y axial
Movilización temprana: el paciente camina en días, no en semanas
Los resultados son tan buenos que en 1942 el ejército alemán finalmente adopta la técnica que había rechazado dos años antes.
Soldados alemanes con fracturas de fémur vuelven al frente en semanas. Antes morían o quedaban inválidos.
Ventaja militar alemana instantánea.

Los prisioneros que cambiaban la medicina
Pilotos británicos y americanos derribados sobre Alemania. Paracaidistas que se rompen el fémur al aterrizar. Prisioneros de guerra con fracturas graves.
Los tratan en hospitales de la Luftwaffe. Küntscher opera a algunos. Les mete el clavo.
Cuando la guerra termina, vuelven a casa y los médicos aliados ven algo imposible:
Prisioneros caminando con fracturas de fémur que curaron en semanas.
Fracturas que en cualquier hospital aliado habrían significado 6 semanas de tracción en cama, meses de recuperación, alto riesgo de malunión o rigidez permanente.
Estos tipos caminan ¡y sólo días después de cirugía!
Los médicos británicos y americanos examinan las radiografías. Ven el clavo intramedular. Flipan.
1948: Comandante Harry Alvis (sección técnica del Comando Europeo del ejército americano) investiga la tecnología médica nazi. Encuentra a Küntscher. Le pide que escriba un libro sobre su técnica.
Lo traduce al inglés. La técnica se expande por Estados Unidos. Por Reino Unido. Por el mundo.
En 1950, el clavo de Küntscher es el estándar de oro para fracturas de fémur en occidente.
El dilema que nadie quiere discutir
Aquí viene la parte incómoda.
El clavo intramedular (ese invento que revolucionó la traumatología y que salvó millones de piernas) fue desarrollado y perfeccionado durante la Segunda Guerra Mundial por un cirujano alemán operando bajo el régimen nazi.
¿Usamos ciencia desarrollada en el Tercer Reich?
La respuesta pragmática es: sí. Obviamente. Cada fémur roto del planeta se trata con la técnica de Küntscher o sus descendientes directos.
Pero la pregunta ética persiste: ¿Separamos el conocimiento de su contexto?
Küntscher no era un monstruo. No hay evidencia de que participara en experimentos médicos nazis. Operó soldados de ambos bandos, civiles, prisioneros de guerra. Su técnica no surgió de atrocidades.
Pero la perfeccionó durante la guerra. Su adopción por el ejército alemán dio ventaja militar al Tercer Reich. Los soldados nazis volvían al frente más rápido gracias a su clavo.
Y después de la guerra, los aliados adoptaron su técnica sin dudarlo. Porque funcionaba y salva vidas.

Por qué esto importa hoy
Cada vez que clavo un fémur en quirófano, uso la técnica que Küntscher inventó en 1939, que los cirujanos alemanes ridiculizaron en 1940, que Böhler contrabandeó a Viena, que Küntscher perfeccionó en Finlandia, y que los aliados adoptaron después de ver a sus propios soldados prisioneros caminando con clavos en las piernas.
El clavo ha evolucionado: ahora usamos clavos bloqueados, fresado intramedular, materiales de titanio. Pero el concepto fundamental (meter un clavo dentro del canal medular para estabilizar la fractura) es exactamente el de Küntscher.
85 años después.
Eso no pasa con casi ninguna técnica quirúrgica. La medicina avanza, las técnicas se refinan y los protocolos cambian.
Pero el clavo intramedular de Küntscher pensó tan bien el problema fundamental del fémur roto que todavía funciona. Como si hubiera descubierto una ley física de la estabilización ósea.
No inventó UN dispositivo. Inventó EL PRINCIPIO.
El legado complicado
Küntscher murió en 1972. Nunca obtuvo un puesto universitario. Muchos colegas no reconocieron su genialidad hasta después de su muerte.
Böhler murió en 1973. Un año después. Ambos vieron cómo su trabajo conjunto (el sistema de Böhler + el clavo de Küntscher) se convertía en la columna vertebral de la traumatología moderna.
La historia oficial los celebra como pioneros. La historia real es más complicada: un austriaco que fue miembro del partido nazi y las SS contrabandeando tecnología de un alemán castigado por su propio régimen, perfeccionada durante la guerra más brutal de la historia, adoptada por los vencedores porque los resultados eran innegables.
No hay moraleja aquí.
Solo la verdad incómoda de que la ciencia médica no existe en el vacío. Tiene contexto. Tiene historia. Y a veces esa historia es tan complicada como una fractura abierta.
¿Usarías una técnica médica que funciona perfectamente pero que surgió en el contexto más oscuro posible?
Todos los traumatólogos del mundo ya respondimos esa pregunta.
La respuesta está en cada fémur que enclavamos.
PD. Si te has quedado con ganas de más historias de médicos obsesivos haciendo cosas cuestionables que acabaron salvando millones de vidas, tengo malas noticias: hay MUCHAS.
La historia de la medicina está llena de obsesos brillantes haciendo cosas que hoy consideraríamos demenciales. Y funcionaron…. y seguimos usando.
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Fuentes
Sobre Küntscher y el Congreso de Berlín 1940:
Hawk AJ. “ArtiFacts: Gerhard Küntscher’s Marrow Nail.” Clinical Orthopaedics and Related Research2019;477(6):1296-1298. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6554101/
Sobre Böhler contrabandeando el clavo:
Vécsei V, Hajdu S, Negrin LL. “Intramedullary nailing in fracture treatment: history, science and Küntscher’s revolutionary influence in Vienna, Austria.” Injury 2011;42 Suppl 4:S1-5. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21939796/
Biografía de Küntscher:
Lesić A, Bumbasirević M, Milosević I, Zagorac S. “[Gerhard Küntscher and intramedullary fixation].” Srpski Arhiv za Celokupno Lekarstvo 2007;135(9-10):594-9. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/18088049/
Schroeder L, Gahr B, Gahr R. "G. Küntscher, perfil científico de un traumatólogo excepcional." Martin-Luther-Krankenhaus Schleswig / Städtisches Klinikum St. Georg Leipzig. https://www.elsevier.es/es-revista-revista-espanola-cirugia-ortopedica-traumatologia-129-articulo-g-kuntscher-perfil-cientifico-un-13018216
Historia del clavo intramedular:
Bekos A, Sioutis S, Kostroglou A, Saranteas T, Mavrogenis AF. “The history of intramedullary nailing.” International Orthopaedics 2021;45(5):1355-1361. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33575858/
Küntscher en WWII y adopción aliada:
Jeannet JP. Leading a Surgical Revolution, The AO Foundation – Social Entrepreneurs in the Treatment of Bone Trauma. Citado en Hawk AJ, 2019.
Böhler y su relación con el régimen nazi:
“The Medical Professional Elimination Program and the Ideology and Motivation of Nazi Physicians.” PMC 2024. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11524420/




Historiaza
A mí es algo que siempre me ha alucinado, pensar en la primera persona que se atrevió a realizar ciertas operaciones médicas. Creo que hay que ser un poco temerario y en cierto modo insensible, porque si sale mal, vivir con ello tiene que ser duro. Por eso os tengo todo mi respeto.