Quizás el cáncer. Quizás el infarto. Los más modernos dicen la COVID. Nadie dice lo correcto.
La enfermedad más letal de la historia de la humanidad se llama malaria. Y no es que haya ganado por poco: algunos estudios estiman que la mitad de todos los humanos que han existido murieron por su culpa. La mitad de los homo sapiens que han caminado por este planeta.
Mató a Alejandro Magno. Probablemente a Tutankamón. A Carlos V. A seis Papas.
Y tu gin tonic del viernes es una de sus víctimas colaterales. Hoy te cuento toda la historia. Pero primero
Para la gente ocupada: el resumen de 90 segundos
La malaria la causa un parásito (no el mosquito, que es solo el transporte). Se llama Plasmodium y lleva 20 millones de años perfeccionando el arte de matarnos.
Funciona así: el mosquito te inyecta el parásito, este va al hígado, se replica hasta producir 30.000 copias de sí mismo, sale, revienta tus glóbulos rojos, y se repite cada 48h. De ahí la fiebre cíclica.
Es tan letal que cambió nuestro ADN: la anemia falciforme existe porque los humanos africanos se deformaron genéticamente para sobrevivir al parásito.
El gin tonic nació como medicamento militar. Los soldados británicos en India tomaban quinina diaria (amarga y horrible) y alguien tuvo el genio de mezclarla con ginebra, azúcar y agua con gas. Medicamento: el gin tonic.
Hoy sigue matando a 627.000 personas al año, el 80% niños menores de 5 años. Pero por primera vez en la historia tenemos vacunas que funcionan.
Estamos ganando. Muy lentamente. Pero ganando.
Ahora, si tienes 8 minutos más: la historia completa
El mosquito no es el villano. Es el Uber Eats de la muerte.
Cuando pensamos en malaria pensamos en mosquitos. Error.
El mosquito es solo el vehículo. El delivery. El auténtico asesino es un protozoo parasitario del género Plasmodium.
Cuando un mosquito Anopheles infectado te pica, inyecta en tu sangre unas formas larvarias llamadas esporozoítos. Estos viajan directos al hígado, donde se esconden y se replican en silencio. Una sola célula hepática infectada puede producir hasta 30.000 merozoítos.
Cuando salen del hígado, atacan tus glóbulos rojos. Se meten dentro. Se replican. Explotan la célula. Y vuelven a empezar. Cada 48-72 horas.
Por eso la fiebre de la malaria es cíclica y tan característica: cada vez que explotan los glóbulos, tu cuerpo reacciona con un pico febril. Es como un reloj biológico del horror.
El parásito que cambia de disfraz 60 veces
El Plasmodium falciparum tiene un gen llamado PfEMP1 que produce proteínas capaces de pegarse a las paredes de tus vasos sanguíneos. Especialmente en el cerebro. Por eso existe la malaria cerebral: el parásito secuestra tus glóbulos rojos infectados y los adhiere literalmente a tu cerebro.
Lo peor es que PfEMP1 tiene más de 60 variantes. El parásito puede cambiar de disfraz constantemente. Tu sistema inmune no puede seguirle el ritmo. Es como intentar detener a un ladrón que cada semana tiene otra cara.
Y aún hay más. Algunos esporozoítos, cuando llegan al hígado, se quedan dormidos. Se llaman hipnozoítos. Pueden estar ahí meses. Años. Y un día, sin previo aviso, se despiertan. Y tienes malaria otra vez. Sin que te haya picado ningún mosquito nuevo.
Recaída silenciosa. Brillante y terrorífico a partes iguales.
Por qué tu gin tonic es un medicamento del siglo XVII
Durante siglos, el único tratamiento contra la malaria fue la quinina, un compuesto que se extrae de la corteza del árbol de la quina, originario de Sudamérica. Los jesuitas españoles la trajeron a Europa en el siglo XVII y la vendían como el polvo de los jesuitas. Sí: los jesuitas, esos que siempre salen en los chistes de historia, salvaron a Europa de la malaria.
El problema: la quinina sabía a rayos. Era tan amarga que los soldados británicos desplegados en la India se negaban en redondo a tomarla.
Así que algún genio anónimo del Imperio Británico (que merece un monumento) tuvo una idea: mezclar la dosis diaria de quinina con azúcar, agua con gas y ginebra.
Gin tonic. Medicamento militar. Siglo XIX.
No nació en un bar de moda. No es un invento hipster. Es una solución de salud pública para que los soldados se tomaran su antipalúdico sin escupirlo.
La quinina funciona porque interfiere con la capacidad del parásito de digerir la hemoglobina. El Plasmodium necesita alimentarse de tus glóbulos para sobrevivir. La quinina le provoca una indigestión mortal.
Así que la próxima vez que te tomes uno en una terraza, estás bebiendo 400 años de historia médica. Y un medicamento que cambió el rumbo de la colonización.
La parte que más me pone los pelos de punta: la malaria nos cambió el ADN
La malaria no solo mató gente. Cambió nuestro genoma.
¿Has oído hablar de la anemia falciforme? Es una enfermedad genética dolorosa: los glóbulos rojos, en vez de ser redondos, tienen forma de hoz. Se atascan. No transportan bien el oxígeno. Es un sufrimiento real y constante.
¿Por qué existe? Porque la malaria la puso ahí.
Es una mutación que surgió en África (exactamente donde la malaria era más letal). Genera una hemoglobina diferente, llamada hemoglobina S, que se cristaliza cuando pierde oxígeno y deforma el glóbulo.
Durante miles de años, los humanos con esa mutación sobrevivían más, tenían más hijos, y pasaban el gen. La selección natural eligió una enfermedad dolorosa como precio para sobrevivir a otra enfermedad letal.
Y no es la única mutación. La talasemia. La deficiencia de G6PD. Todas surgieron en zonas endémicas de malaria. El mapa de estas mutaciones y el mapa histórico de la malaria se solapan perfectamente.
La malaria esculpió tu ADN. Hay personas hoy en día con una enfermedad hereditaria dolorosa porque sus ancestros necesitaban esa deformidad para no morir de un bicho de dos milímetros.
2020. Pandemia de COVID. Y mientras tanto...
Ese año, mientras el mundo entero estaba volcado en un virus nuevo, la malaria infectó a 240 millones de personas y mató a 627.000. El 80% eran niños menores de cinco años. En África.
Y el parásito no se rinde. Desarrolló resistencias a la cloroquina (gracias a mutaciones en el gen PfCRT). Luego a la mefloquina. Ahora está empezando a resistir las artemisininas, nuestros antimaláricos más potentes, a través de mutaciones en el gen Kelch13 que le permiten entrar en letargo cuando detecta el fármaco.
Es una carrera armamentística. Nosotros inventamos fármacos. Él inventa resistencias.
La primera vacuna que funciona de verdad
En 2021, la OMS aprobó la primera vacuna contra la malaria: la RTS,S (Mosquirix). Eficacia: 30%. No es una barbaridad, pero está salvando vidas en África ahora mismo.
En 2023 llegó la R21, con una eficacia del 75% en los ensayos iniciales. Eso ya es un cambio de juego.
Y hay más en desarrollo. Vacunas que usan tecnología de ARNm, la misma del COVID. Vacunas que atacan diferentes fases del ciclo del parásito.
Estamos ganando. Muy lentamente, pero ganando.





