Tú no quieres caminar. Él llevó su corazón en una mochila 620 días.
O da igual te duela la rodilla cuando te pido que camines
Te voy a contar una historia sobre lo que significa elegir vivir. Y lo voy a hacer hablándote de un ventrílocuo que hacía voces con muñecos y un culturista que llevó su corazón literalmente en una mochila durante casi dos años.
Pero antes, déjame que te cuente algo
La rodilla que no quería caminar
Hace dos semanas operé una prótesis total de rodilla. Cirugía de libro. Todo perfecto. Implante premium y técnica impecable. A los tres días, la enfermera me llama:
No quiere levantarse. Dice que le duele demasiado.
Le visito. Le explico que TIENE que moverse. Que el dolor es normal. Que si no camina, esa rodilla nueva se va a quedar rígida para siempre.
Me mira como si le estuviera pidiendo que escale el Everest descalzo y me dice:
Doctora, prefiero estar en la cama.
Con una rodilla nueva que le permitiría caminar sin dolor el resto de su vida. Pero prefiere quedarse inmóvil. Y entonces me acordé de William Schroeder y de Paul Winchell. Y pensé:
Qué poca perspectiva tenemos
El ventrílocuo que patentó el futuro
1963, Paul Winchell, ventrílocuo y comediante estadounidense, entra en la Oficina de Patentes de EEUU con un invento que parece sacado de una novela de ciencia ficción: un corazón artificial implantable.
La gente se ríe.
Alguien de la farándula inventando órganos. Un tío que hace voces con muñecos diseñando corazones. Ridículo.
Pero Winchell, que además de ventrílocuo era ingeniero autodidacta, lo patenta. US3097366A. Ahí está. Búscala.
Y ese diseño, ese dibujo que todo el mundo consideró una broma, se convierte años después en la base del Jarvik-7. El primer corazón artificial que latirá de verdad dentro de un pecho humano.
El dentista que abrió la puerta
Vamos a 1982. Barney Clark. Dentista jubilado. 61 años. Insuficiencia cardíaca terminal. Su corazón está tan destrozado que apenas bombea sangre. Lista de trasplante sin esperanza. Cero opciones.
El cirujano William DeVries le ofrece ser el primero: corazón artificial total. El Jarvik-7. Dos ventrículos de plástico y aluminio conectados a una consola externa del tamaño de una lavadora.
Clark acepta. Le abren el pecho. Le sacan el corazón. Le meten plástico y metal. Y Clark vive. Vive 112 días conectado a esa máquina. No puede salir del hospital. No puede alejarse más de 2 metros de su consola. Pero vive.
Es el primero. Y cuando muere, deja la puerta abierta para el siguiente.
El culturista que llevó su corazón a cuestas
1984, William Schroeder. Culturista, exmilitar, 52 años. Mismo diagnóstico que Clark. Mismo corazón artificial. Misma consola de 170 kilos.
Pero Schroeder es diferente.
Le implantan el Jarvik-7 el 25 de noviembre de 1984. Y Schroeder no solo sobrevive. Schroeder vive.
620 días. Casi dos años con el corazón fuera del pecho, bombeando 24/7 conectado a cables y tuberías.
Y no fue bonito, ¿eh?
Tuvo cinco ictus. Cinco. Perdió movilidad en el brazo izquierdo. Sufrió infecciones constantes. Hemorragias. Complicaciones que harían que cualquier persona normal dijera “hasta aquí hemos llegado, dejadme morir en paz.”
Pero Schroeder no dijo eso. Celebró su 53 cumpleaños, vio a su familia y dio entrevistas. Y lo más increible: convenció a los médicos para que le diseñaran un sistema de baterías portátiles.
Baterías que llevaba en una mochila. Salió del hospital con su corazón colgado a la espalda. Tres kilos y medio de plástico y metal bombeando sangre mientras él caminaba por el parking del hospital respirando aire fresco por primera vez en meses.
Hay fotos de Schroeder con la mochila. Sonriendo. Con medio cuerpo paralizado por los ictus pero sonriendo como si hubiera ganado la lotería.
“Prefiero esto a estar muerto”
En una entrevista le preguntan: “¿Te arrepientes?”
Y Schroeder, con la mitad de la cara caída por el ictus, conectado a una máquina que hace ruido de lavadora cada vez que su corazón de plástico late, responde:
No me arrepiento. Prefiero esto a estar muerto.
Prefiero llevar mi corazón en una mochila, con cables saliendo de mi pecho, con medio cuerpo paralizado, con infecciones constantes, a rendirme.
Ese tío eligió vivir con todas las consecuencias. Con todo el dolor y toda la incomodidad.
La prensa lo siguió durante 620 días. Documentaron cada momento. Cada complicación. Cada pequeña victoria. Era un experimento público. Un hombre viviendo con plástico y metal donde debería latir músculo cardíaco.
Un cyborg antes de que existieran los cyborgs.
El precio del futuro
Schroeder muere el 6 de agosto de 1986. No por fallo del corazón artificial. El Jarvik-7 seguía latiendo perfectamente. Muere por complicaciones de los ictus recurrentes.
Pero su caso cambia todo.
Antes de Schroeder, nadie creía que un humano pudiera sobrevivir más de unos meses con un corazón artificial. Él vivió casi dos años. Demostró que era posible. Que se podía mantener vivo a alguien con un trozo de plástico y metal donde debería haber músculo cardíaco.
Y gracias a eso, hoy tenemos el SynCardia, el LVAD, el Abiocor. Dispositivos que pesan gramos, no kilos. Que caben en un cinturón, no en una habitación de hospital. Que permiten a miles de personas esperar un trasplante viviendo vidas casi normales.
Todo porque un ventrílocuo tuvo una idea loca, un dentista aceptó ser cobaya, y un culturista decidió que vivir valía la pena aunque fuera enchufado.
Y tú no quieres caminar
Así que volvamos a mi paciente con la rodilla nueva.
Ese hombre llevó su corazón en una mochila durante casi dos años porque prefería eso a morirse. Y tú tienes una rodilla que funciona, un corazón que late solo y me dices que prefieres quedarte en la cama porque te duele.
Te sugiero que te sobrepongas. No sé si por vergüenza o por perspectiva. O por las dos.
La deuda que tienes con tu cuerpo
Escúchame, no te estoy pidiendo que seas un héroe. No te estoy pidiendo que vivas conectado a una máquina o que cargues tu corazón en una mochila.
Te estoy pidiendo que camines, muevas esa rodilla. Que cuides ese cuerpo que tienes la suerte de habitar. Que valores tu corazón que late sin cables.
William Schroeder habría dado cualquier cosa por tener lo que tú tienes. Y lo desprecias porque “te duele” o “no te apetece.”
La próxima vez que pienses en quedarte en la cama, acuérdate del culturista con el corazón en la mochila. Y luego levántate y camina, porque puedes.
Fuentes
1. Paul Winchell - Patent de Corazón Artificial https://lexprotector.com/blog/todays-patent-artificial-heart/
2. Barney Clark - Primera Implantación (December 1982) https://ilovehistory.utah.gov/the-utah-artificial-heart/
3. William J. Schroeder - Wikipedia https://en.wikipedia.org/wiki/William_J._Schroeder
4. Paul Winchell en Sally Jesse Raphael Show (1985) https://www.upi.com/Archives/1985/03/01/Ventriloquist-says-he-invented-artificial-heart/4884478501200/
5. Barney Clark - Complicaciones Inmediatas https://www.upi.com/Archives/1982/12/04/Artificial-heart-patient-Barney-Clark-underwent-successful-surgery-Saturday/389440782600
6. Schroeder - TIME Magazine: Stilling the Artificial Beat https://time.com/archive/6706912/medicine-stilling-the-artificial-beat/
7. Paul Winchell - Inventor Multitalentado (TIME) https://time.com/archive/6877712/winchells-heart/
8. Barney Clark - First Artificial Heart Transplant (TIME) https://time.com/3605433/artificial-heart/
9. Schroeder y el Jarvik-7 (En Español) https://medizinonline.com/es/de-la-sustitucion-cardiaca-a-la-moderna-bomba-de-asistencia-cardiaca/
10. Willem Kolff - Father of Artificial Organs https://www.nationalacademies.org/read/13338/chapter/28
11. William Schroeder Discharged - New York Times (Abril 1985) https://www.nytimes.com/1985/04/08/us/artificial-heart-test-of-technology.html



Si algo me está quedando muy claro después de leer tus artículos es la necesidad, léase obligación, de moverse no matter how. No sé si os preparan en la carrera a encajar el impacto que provocáis en las vidas, o si esa actitud ya la traéis de casa cuando os matriculáis en primero, pero sólo tengo palabras de agradecimiento por vuestra labor. Y en tu caso se añade el plus de hacerlo explicando el porqué de forma accesible para los que necesitan oírlo. Congrats!
Poco va de ventrílocuo a ventrículo.