Los nazis inventaron algo en 1936 que está matando a una generación
y está en tu gimnasio
Estaba en el gimnasio, haciendo mi maquinita de brazos del día, cuando escuché algo que me hizo detenerme en seco.
Un chaval de unos 20 años se acerca al monitor del gimnasio. Casual. Como quien pregunta por las clases de spinning o dónde está el baño.
Oye, ¿me puedes conseguir testosterona?
Me quedé helada. Auriculares puestos pero volumen bajo, fingiendo no escuchar. El monitor le miró como si le hubiera pedido que le amputara un brazo con las mancuernas.
¿Estás loco? ¿Tú sabes lo que me estás pidiendo?
Le señaló las fotos de la pared. Ya sabes, esa pared que tienen todos los gimnasios con culturistas inflados como globos de helio. Schwarzenegger. Stallone. Peña que parece que si les pinchas con un alfiler explotan.
¿Ves a estos tíos? La mitad han muerto de infarto con menos de 30 años. La mitad.
El chaval se quedó callado.
Si no te caben las mangas de la camisa, claramente algo estás haciendo mal. Puedes tener un cuerpo estupendo sin necesidad de esas mierdas.
Y se fue. El chaval se quedó ahí, procesando. Yo volví a mi máquina pensando: “Maldita sea, este monitor le acaba de salvar la vida”.
Pero necesito que sepas por qué.
Por qué una traumatóloga está escribiendo esto
Llevo más de 10 años en esto. He operado fracturas, luxaciones, aplastamientos. He visto huesos hacer cosas que desafían la física.
Pero lo que más he drenado en mi carrera (y créeme que me duele admitirlo) son abscesos de pus.
Entre 30 y 40, como mínimo. Y no, no son de infecciones normales. Son de pinchazos.
Pinchazos de testosterona del mercado negro, comprada en páginas web con “carrito de compra” y todo, inyectada sin control, sin esterilización, sin ni puta idea de lo que están haciendo.
Llegan a urgencias con el músculo hinchado como un melón. Rojo. Caliente. Duele hasta respirar.
Les abres y sale un litro de pus. Sí, un litro. Como una botella de Coca-Cola. Pero de pus amarillo que huele a que se te ha muerto algo dentro.
¿Y sabes qué es lo mejor? Que la mitad no te lo confiesa. Te dicen que fue “un golpe en el gym”. Claro, colega. Un golpe que te dejó un absceso de un litro exactamente donde te pincharías testosterona. Qué casualidad.
Así que cuando vi a ese chaval pidiendo testosterona, no pensé en derechos individuales ni en libertad de elección. Pensé: “Otro más que va a acabar en mi mesa de quirófano”.
Y decidí que tenía que escribir esto.
Todo empezó con los nazis (por supuesto)
Porque cuando hay nazis en una historia, ya sabes que va a acabar mal.
1935. Berlín. Alemania. Dos científicos están a punto de cambiar el mundo. Uno se llama Adolf Butenandt. El otro, Leopold Ružička.
Butenandt trabaja en el Instituto Kaiser Wilhelm de Berlín. Ružička en la ETH de Zúrich. Ambos están obsesionados con lo mismo: sintetizar hormonas sexuales en el laboratorio.
En 1935, Ružička consigue sintetizar testosterona a partir del colesterol. Es la primera vez en la historia que se crea testosterona sintética. Un avance médico brutal.
Les dan el Premio Nobel de Química en 1939.
¿Para qué se suponía que era? Para tratar hipogonadismo. Para ayudar a hombres que realmente no producen suficiente testosterona por problemas médicos. Para soldados heridos, quemados, desnutridos después de la guerra. Medicina de verdad.
Pero aquí viene lo interesante: Hitler había prohibido a los alemanes aceptar el Nobel después de que Carl von Ossietzky (un pacifista) ganara el Nobel de la Paz en 1935. Así que Butenandt no pudo recoger el suyo hasta 1949. Después de la guerra. Cuando todo ya se había ido a la mierda.
Porque mientras tanto, ¿qué hicieron los nazis con esa testosterona sintética?
Intentar crear supersoldados.
El Dr. Theodor Morell (médico personal de Hitler y tipo que le inyectaba cualquier cosa con tal de mantenerlo despierto) empezó a experimentar con cócteles hormonales. Testosterona para aumentar la agresividad. Anfetaminas para eliminar el miedo.
La idea era simple: más fuerza, más agresividad, menos empatía. Soldados que no se detuvieran ante nada.
Spoiler: no funcionó como esperaban.
Pero plantaron una semilla. Una idea. Una promesa: “Con esta sustancia puedes ser más fuerte, más grande, más todo”.
Y esa idea, 89 años después, está en tu gimnasio. En Instagram. En YouTube. En el vestuario donde ese chaval de 20 años pregunta por testosterona como quien pide un batido de proteínas.
El salto a los gimnasios: cuando la medicina se convirtió en negocio
Los años 50 fueron el momento clave.
1954. Dr. John Ziegler. Médico americano. Trabaja con la selección estadounidense de halterofilia. Se entera de que los soviéticos están usando testosterona. Los rusos están levantando pesos imposibles.
Ziegler piensa: “Si ellos lo hacen, nosotros también”.
Colabora con los laboratorios CIBA y en 1958 crean el Dianabol: el primer esteroide anabolizante sintético diseñado específicamente para aumentar masa muscular.
Arnold Schwarzenegger lo llamaba “el desayuno de los campeones”.
¿Y sabes qué es lo mejor? El Dr. Ziegler se arrepintió después. Vio cómo sus atletas abusaban del Dianabol. Vio las dosis escalando. Vio los efectos secundarios. Y dijo públicamente:
Ojalá nunca lo hubiera inventado
Pero ya era tarde. La caja de Pandora estaba abierta.

Los números que nadie quiere ver
Vamos a hablar de datos. Porque los datos no mienten.
De 1900 a 1930 (antes de los esteroides):
Esperanza de vida de la población general: 40 años
Esperanza de vida de los culturistas: 70 años
Los culturistas vivían el doble porque entrenaban, comían bien, se cuidaban. Eran máquinas de salud.
De 1960 a 1990 (era dorada del culturismo, con esteroides):
Esperanza de vida de la población general: 71 años (subió por avances médicos)
Esperanza de vida de los culturistas: 68 años
¿Lo ves? Por primera vez en la historia, los culturistas vivían MENOS que la media.
Y eso con dosis “suaves” de los años 80. Ahora las dosis son bestiales.
Estudio de la Universidad de Copenhague (Dinamarca tiene una ley que permite hacer controles antidopaje random en gimnasios):
Monitorizaron a 500 atletas pillados dopándose. Los compararon con 5.000 personas normales del registro civil.
El índice de mortalidad de los dopados era 3 veces superior.
Tres veces. No un 10% más. Tres veces.
Estudio de la IFBB (Federación Internacional de Culturismo), 2005-2020:
20.000 atletas monitorizados
121 muertes súbitas
46 por ataque cardíaco
Cada mes muere un culturista profesional.
No es una exageración. Es una estadística.
Lo que yo veo en urgencias (y que no sale en Instagram)
He atendido chavales de 18 años con analíticas de señores de 80.
He visto entrar a chicos de veintipocos con infarto. No me lo han contado. Lo he visto.
He operado ginecomastias (tetas de hombre) porque la testosterona se convierte en estrógenos cuando hay demasiada, y les crecen las mamas. Como a las mujeres. Pero en tíos cachas que luego lloran en la consulta preguntando si se les van a ir.
He explicado a chavales de 22 años que su cuerpo ya no va a producir testosterona de forma natural. Nunca más. Y he visto sus caras de “no me lo puedo creer”.
Pero sobre todo, he drenado abscesos.
Y luego están los que aparecen en quirófano para otra cosa (una rodilla, un hombro) y cuando les preguntas por su medicación habitual te sueltan:
Ah, y tomo testosterona
Como quien dice “tomo Ibuprofeno”.
No, campeón. La testosterona no es Ibuprofeno.
Cómo funciona (versión sin filtros médicos)
Cuando te pinchas testosterona externa, tu cuerpo detecta: “Venga, me está llegando un montón de testosterona de fuera. ¿Para qué voy a producir la mía?”.
Y deja de producirla.
Es como si tuvieras un grifo de agua en casa y de repente te empezaran a mandar camiones cisterna gratis todos los días. ¿Para qué vas a tener el grifo abierto? Lo cierras. Total, te llega agua de sobra.
El problema es que cuando paran los camiones cisterna, tu grifo tarda meses en volver a funcionar. A veces años. A veces nunca.
Y aquí viene lo terrible: no puedes “dejarlo y ya está”.
Porque cuando dejas, pierdes masa muscular. Pierdes fuerza. Vuelves a ser quien eras.
Y nadie NADIE va al gimnasio 5 horas a la semana para ir hacia atrás.
Así que vuelves a pincharte. Y otra vez. Y otra.
Es adicción. Pero no a la sustancia. A los resultados.
Las cosas que no te dicen (porque no venden)
1. Se te encogen los huevos
De verdad. No es broma. La atrofia testicular es uno de los primeros efectos. Tu cuerpo deja de necesitarlos, se encogen. Cuando dejes (si es que puedes), puede que vuelvan a su tamaño. Puede que no.
2. Puedes quedarte estéril
Para siempre. Hay tratamientos de fertilidad, sí. También hay gente que se queda sin hijos porque “eso no me iba a pasar a mí”.
3. Te cambia la personalidad
Más agresividad. Más impulsividad. Te pitan en el coche y quieres arrancarle la cabeza al conductor. No es “fuerza mental”. Es química alterando tu cerebro.
4. Las mujeres lo tienen peor
Los efectos de virilización son irreversibles:
Voz grave (no vuelve nunca)
Vello facial
Mandíbula cuadrada
Clítoris agrandado
Alopecia
Una vez que tu voz cambia, no hay marcha atrás.
5. Las analíticas pueden estar perfectas... hasta que no
Una trombosis no sale en una analítica. Un infarto no da señales previas en la sangre. El daño renal es silencioso hasta que aparece proteína en la orina (y entonces ya es tarde).
6. El mercado negro es una lotería
Subdosificación. Sobredosificación. Laboratorios montados en cuartos de baño de búlgaros en Madrid. Sin control sanitario. Sin nada.
El 60-70% de los esteroides del mercado negro son falsificaciones o están contaminados.
Es como jugar a la ruleta rusa. Pero con tu hígado.
Desde el otro lado
Esa conversación me persiguió durante días. Y luego, como el algoritmo te lee la mente, me apareció un podcast en YouTube.
Un tipo contando su historia con los esteroides. Veinte años metido hasta el cuello. Casi 3.000 inyecciones. A punto de morir de insuficiencia renal.
Él puede contar cómo se siente metiéndose testosterona. Yo puedo contar cómo huele un litro de pus cuando lo drenas.
Si quieres su historia completa:
El negocio que nadie te cuenta
Esto se ha convertido en una industria.
Youtubers con millones de seguidores vendiendo “asesorías de dopaje seguro”.
Como fumar de forma segura. O tirarte por un puente de forma segura.
Te venden academias donde te enseñan a ciclarte. Te dan “códigos de descuento del 10%” para comprar esteroides.
Y cuando les preguntas si son médicos: “No, pero llevo años haciéndolo y sé mucho de química”.
Perfecto. Mañana voy al hospital y le digo al cirujano: “Tranquilo, doctor, hoy me opera este tío que no es médico pero ha visto muchos vídeos de YouTube”.
¿A que suena absurdo?
Ese chaval del gimnasio no sabe mi nombre. Ni yo sé el suyo. Pero ojalá ese monitor le haya salvado la vida. Porque lo que le estaba pidiendo no era “ayuda para crecer”. Era un pacto.
Un pacto donde siempre pierdes.
Leopold Ružička sintetizó testosterona en 1935 para curar a enfermos. Los nazis la usaron para crear supersoldados. El Dr. Ziegler creó el Dianabol y se arrepintió. Y ahora está en tu gimnasio, vendiéndose con códigos de descuento.
Porque ese chaval de 20 años que escuché…
Podría ser cualquiera.
¿Has visto esto en tu gimnasio? ¿Conoces a alguien en esta situación? Los comentarios están abiertos. Necesito saber que esto llega.



Comencé a ir al gimnasio en 1983, con trece años. Era uno de boxeo y lo llevaba un señor mayor que me habría reventado a hostias si le pido cualquier porquería.
A finales de los ochenta y principios de los 90 estuve yendo a varios gimnasios clásicos de culturismo y los dejé todo por la presión para tomar suplementos que yo no conocía, pero que el ciclado monitor aseguraba que me pondrían como él. Siempre se me dio mal la química así que no les hice mucho caso.
Desde hace un par de años estoy tomando proteínas whey y creatina, después de haberme informado en multitud de sitios que me inspiraban confianza (como Marcos Vázquez, por ejemplo) y me está yendo bastante bien sin necesidad de convertirme en Hulk, que ya tengo 55 años.
¿Qué tal un artículo sobre suplementos y edad?
Vi un podcast de la Dra. Isabel Viña que trataba en parte este tema. Ella también hablaba del miedo que le da el hecho que la gente tome testosterona como golosinas (si está a favor de la suplementación de proteína, creatina... Con conocimiento, pero que es algo bueno y no comparable con los pinchazos de testosterona u hormonas varias). El caso es que dijo algo que me chocó mucho "la testosterona hace aumentar tus músculos. El corazón es un músculo, así que también va a crecer si tomas testosterona. Pero como el corazón está rodeado por todos lados, no puede crecer hacia afuera, por lo tanto crece hacia adentro. Eso implica que tiene que crecer hacia adentro, provocando que haya menos capacidad para bombear sangre. Perdiendo por lo tanto su función básica.
Esto, que es algo que creo que nadie nos planteamos, es algo que me dejó descolocado. Nunca me había planteado tomar esteroides, soy un "flacucho" sin remedio. Pero vamos, después de ese punto de vista, me quedo mucho mas claro que es un veneno increíble para el cuerpo humano