La verdadera razón por la que colapsa la sanidad española
y no es la que crees
Hace unos días atendí a una paciente italiana de 60 años con una fractura de cadera. Rutina pura: radiografías, quirófano programado, tornillos. Nada del otro mundo para quien lleva más de una década metiendo hierros en fémures rotos.
Pero cuando compartí el caso en redes, empezó el circo. “Los extranjeros colapsan la sanidad”, “¿Por qué la operamos si no ha cotizado aquí?”, “Primero los españoles”. Los comentarios eran predecibles.
Mira, entiendo la frustración. De verdad que la entiendo. Cuando llevas tres horas esperando en urgencias con tu hijo con fiebre, es fácil echarle la culpa al de al lado, encima si habla otro idioma. Es humano buscar un culpable visible. Pero déjame contarte lo que realmente está pasando.
El elefante en la sala de espera
España tiene 10 millones de personas mayores de 65 años. Y no, no van al médico una vez al año para renovar la receta de las pastillas para la tensión. Van diez veces. O veinte. O las que hagan falta.
Porque envejecer no es solo tener arrugas y hablar de “lo de antes”. Es diabetes que necesita seguimiento trimestral. Insuficiencia cardíaca con ecocardiogramas. Hipertensión que hay que ajustar cada dos por tres porque los riñones ya no filtran como antes. Y eso en el mejor de los casos.
Los datos no mienten: según la OECD,
las personas mayores de 65 años representan entre el 40-50% del gasto sanitario total en países desarrollados.
En España, hablamos de aproximadamente un 45%. Pero aquí viene lo interesante: su coste per cápita es cuatro veces mayor que el de los grupos más jóvenes.
Y la cosa va a peor. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) proyecta que para 2050 el gasto sanitario alcanzará el 8,1% del PIB. Solo por envejecimiento. No por inmigración, no por corrupción, no por ineficiencia. Por pura aritmética demográfica.
La revolución silenciosa de la medicina
Pero hay algo más. Algo que pasa desapercibido en las tertulias de sobremesa y que está cambiando radicalmente el panorama sanitario: la medicina se ha vuelto increíblemente buena salvando vidas.
Déjame ponerte un ejemplo de mi día a día. Cuando veo en un informe de oncología “paciente en tercera línea de tratamiento”, sé exactamente lo que significa:
Primera línea de quimio: dos o tres consultas de inicio, seguimiento cada tres semanas, pruebas de imagen para ver respuesta. No funciona.
Segunda línea: cambio de protocolo, nuevas consultas, más pruebas, más seguimiento. Tampoco.
Tercera línea: probamos con lo último que hay. Más visitas, más analíticas, más TACs.
¿Sabes qué pasaba hace 20 años? Primera línea de quimio. Si no funcionaba, cuidados paliativos y para casa. Punto. No había segunda ni tercera línea porque no existían.
Los anticuerpos monoclonales, las terapias dirigidas, la inmunoterapia... todo eso ha aparecido en las últimas dos décadas. Son maravillosos y salvan vidas. Pero cada línea de tratamiento multiplica el uso de recursos: consultas, pruebas, fármacos carísimos, hospitalizaciones.
El caso de la abuela con el fémur hecho trizas
En mi especialidad pasa lo mismo. Verás, hace 20 años, si una señora de 85 años con osteoporosis severa se rompía el fémur por quinta vez (porque ya llevaba cuatro operaciones previas), el tratamiento era sencillo: yeso, reposo en cama, y que Dios decidiera el resultado.
Muchas veces el resultado era una pierna más corta que la otra, cojera permanente, o directamente imposibilidad de volver a caminar. Pero era lo que había.
Ahora me encierro con esa paciente en un quirófano durante toda una mañana. Llamo al representante de la casa comercial para que traiga la última placa de titanio con tornillos de compresión variable que permiten anclar en hueso osteoporótico. Pruebo tres tamaños diferentes porque el hueso está tan machacado que los tornillos normales no aguantan. Utilizo cemento óseo especial. Técnicas de aumento biológico. Lo que sea necesario.
¿El resultado? La señora vuelve a caminar. Vuelve a su vida. No acaba en una residencia postrada en una cama con úlceras por presión y neumonías de repetición.
Es un milagro de la medicina moderna. Pero ese milagro cuesta un quirófano completo durante horas, un equipo multidisciplinar (traumatólogo, anestesista, enfermeras, técnicos), material carísimo, y un seguimiento postoperatorio intensivo.
Las matemáticas brutales del progreso
Y aquí está la paradoja que nadie quiere ver:
cuanto mejor se hace la medicina, más cara se vuelve
Antiguamente, las enfermedades crónicas te mataban o te dejaban inválido. Ahora las controlamos. La artritis reumatoide que antes te deformaba las manos hasta dejarte incapaz de abrocharte un botón, ahora la tratamos con biológicos que cuestan miles de euros al mes. Pero la gente puede seguir trabajando, cuidando de sus nietos, viviendo.
El problema es que cada avance médico viene con una factura:
Consultas de seguimiento
Pruebas diagnósticas
Más opciones terapéuticas
Más complejidad
Más personal especializado necesario
Y mientras tanto, la población envejece más rápido de lo que crecen los presupuestos sanitarios.
Vale, ¿y qué pasa con la inmigración?
Espera, no voy a decirte que la inmigración no tenga impacto en el sistema sanitario. Lo tiene. Claro que lo tiene.
Es cierto que han entrado millones de personas al sistema sin que la plantilla haya crecido proporcionalmente. Eso genera presión. Real y tangible. Que se nota en las salas de espera.
Pero pongamos esto en perspectiva: según datos oficiales, hay aproximadamente 3 millones de inmigrantes usando el sistema sanitario español. Muchos, ¿verdad?
Ahora compara: 10 millones de mayores de 65 años que generan el 45% del gasto total, con un coste per cápita cuatro veces superior. Y esa cifra solo va a crecer.
¿De verdad crees que el problema principal son los 3 millones de inmigrantes (que además posiblemente, trabajan en residencias cuidando a nuestros ancianos, limpian hospitales y mantienen servicios esenciales), o los 10 millones de personas que necesitan atención médica compleja, continuada y carísima?
La trampa del pensamiento simple
El cerebro humano adora las explicaciones sencillas. Es más fácil señalar al extranjero en la sala de espera que entender que el sistema sanitario español está siendo aplastado por:
El envejecimiento más rápido de Europa: Pasamos de ser un país joven a uno de los más viejos del continente en apenas dos generaciones.
La revolución terapéutica: Tratamos enfermedades que antes mataban, pero cada tratamiento multiplica los recursos necesarios.
Las expectativas crecientes: La gente (con razón) espera que la medicina del siglo XXI cure todo. Y a menudo puede. Pero cuesta.
La cronicidad masiva: Ya no te mueres de diabetes o hipertensión. Las controlas durante 30-40 años. Con visitas, analíticas, ajustes de medicación, complicaciones...
La tecnología carísima: Cada año aparecen nuevos tratamientos, nuevas técnicas quirúrgicas, nuevos dispositivos. Todos maravillosos. Todos caros.
La realidad incómoda
Y aquí está la verdad que nadie quiere escuchar: el modelo sanitario actual es insostenible. No por la inmigración. No por la corrupción. No por la ineficiencia (que también).
Es insostenible porque prometemos medicina de última generación para todos, con recursos del siglo XX, para una población que envejece a velocidad de vértigo.
Podemos seguir echándole la culpa al inmigrante en la sala de espera. Es más cómodo. Más fácil.
O podemos mirar de frente el verdadero problema:
la medicina avanza más rápido que nuestra capacidad de pagarla, y que envejecemos más rápido de lo que crecen los presupuestos.
La sanidad española no colapsa por una causa. Colapsa por docenas de causas que se retroalimentan. Y mientras sigamos buscando chivos expiatorios fáciles en lugar de enfrentar la complejidad real del problema, seguiremos dando vueltas en círculos.
Aquella paciente italiana con su cadera rota fue sólo la excusa. El debate de verdad es otro. Mucho más incómodo. Mucho más complejo.
Y mucho más urgente.
¿Crees que la inmigración es el principal problema de la sanidad española? ¿O hay elefantes más grandes en la sala de espera? Cuéntamelo
Fuentes
Envejecimiento poblacional y gasto sanitario
INE - Proyecciones de población 2022-2072 https://www.ine.es/prensa/pp_2022_2072.pdf
AIReF - Informe sobre el gasto sanitario vinculado al envejecimiento (2024) https://www.airef.es/es/spending-review/sanidad/ Proyecciones del gasto sanitario hasta 2050 y su relación con el envejecimiento.
OECD Health Statistics 2024 https://www.oecd.org/health/health-data.htm
Ministerio de Sanidad - Informe Anual del SNS 2023 https://www.sanidad.gob.es/estadEstudios/estadisticas/sisInfSanSNS/tablasEstadisticas/InfAnualSNS2023/INFORME_ANUAL_2023.pdf
Innovación médica y coste de tratamientos
AEMPS - Informe de medicamentos de alto impacto 2024 https://www.aemps.gob.es/medicamentos-de-uso-humano/observatorio-de-uso-de-medicamentos/ Datos sobre el coste de nuevos tratamientos biológicos e inmunoterapias.
European Society for Medical Oncology - Cancer medicines cost trends (2024) https://www.esmo.org/policy/access-to-medicines Análisis sobre el aumento de costes en tratamientos oncológicos.
Sociedad Española de Traumatología y Cirugía Ortopédica - Memoria 2023
https://www.setrade.org/ Datos sobre complejidad creciente de procedimientos traumatológicos.
Inmigración y sistema sanitario
Ministerio de Inclusión - Datos de extranjería 2024 https://inclusion.gob.es/oberaxe/es/estadisticas/index.htm
Médicos del Mundo - Informe Excluidas 2024 https://www.medicosdelmundo.org/actualidad-y-publicaciones/publicaciones/informe-excluidas
Sostenibilidad del sistema
Fundación IDIS - Sanidad Privada 2024: Aportando valor https://www.fundacionidis.com/informes/sanidad-privada-aportando-valor-analisis-de-situacion-2024/
Datos sobre colapso asistencial y causas estructurales. Comisión Europea - State of Health in the EU: Spain 2023 https://health.ec.europa.eu/state-health-eu/country-health-profiles_en
Nota importante: Algunos de estos enlaces pueden requerir búsqueda dentro de las webs institucionales, ya que los informes se actualizan periódicamente.



Pues yo voy a abrir otro melón en este punto que no se ha abierto: la hiperproliferación de "gestores" que no han pisado en su puñetera vida una consulta o un quirófano y te dicen que prótesis tienes que poner, qué indice de ocupación tiene que tener un quirófano, etc. Y digo superpoblación porque ahí están metidos hasta familiares del político de turno en "tareas de gestión". Y, cuando cambian los gobiernos no es que pongan de patitas en la calle al anterior, no. Crean nuevos puestos "de gestión totalmente imprescindibles".
El problema no es la inmigración...desde luego la que contribuye no.
El problema es la gestión de los vampiros que roban a manos llenas, el chiringuito, la falta de presupuestos aprobados que deberían poner el la calle al desgobierno...el problema es la falta de responsabilidad ciudadana y pensar solo en su ombligo. El problema es la ignorancia total de mucha gente que cree que el Estado es un
" Ente" marciano al que se puede saquear sin salir perjudicado. Hay falta de educación, de contribución al bien común.
La gente olvida que sobre esos huesos tan gastados se ha construido la sociedad de hoy, porque ellos trabajaron y pagaron. Hay un enorme desagradecimiento con ellos. Ninguna sociedad sabía reniega de sus mayores