Llevo 10 años reparando huesos rotos
Lo tuyo no tiene arreglo.
Gym en enero. Dieta detox. Leer más. Aprender inglés. Madrugar. Beber dos litros de agua.
Mentira. Mentira. Mentira. Lo sabes. Yo lo sé. Todo el mundo lo sabe.
Pero cada diciembre hacemos el mismo teatro. Compramos la libreta bonita. Escribimos la lista. Nos convencemos de que este año va a ser diferente.
Enero. Gym tres días.
Febrero. Olvidas dónde dejaste la botella de agua.
Marzo. ¿Qué lista?
¿Sabes por qué falla? Porque es todo mentira desde el principio.
No quieres ir al gym. Quieres el cuerpo que da ir al gym sin el engorro de ir al gym.
No quieres leer más. Quieres sentirte inteligente sin el esfuerzo de leer.
No quieres madrugar. Quieres la satisfacción de ser de esa gente que madruga sin el maldito horror de madrugar.
Queremos el resultado. No el proceso.
Y la vida no funciona así.
Llevo una década reparando huesos rotos. Fémures hechos añicos. Tibias partidas en tres pedazos. Radios que parecen puzzles sin instrucciones.
Y te voy a contar un secreto que cambió mi forma de ver la vida: un hueso no se cura con quince objetivos simultáneos. Se cura con un proceso. Uno solo. Brutal. Ineludible.
Consolidación ósea. Así se llama. No hay atajos. No hay trucos. Solo biología trabajando en una cosa cada vez.
Igual que tú deberías hacer con tu vida.
El día que entendí que reparo más que huesos
2018.Quirófano.
Una mujer de 76 años. Fractura de cadera tras caerse en el baño. Clásico. Demasiado clásico.
Reduzco el fémur. Coloco el clavo intramedular. Tornillos proximal y distal. Técnica perfecta. De manual.
Tres meses después, en la revisión, camina con bastón. Consolida bien. Todo correcto.
Y entonces me dice algo que me persigue desde ese día:
Doctora, nunca había hecho ejercicio en mi vida. Pensaba que era tarde. Pero después de esto... no quiero volver a romperme. He empezado a caminar todos los días. Media hora. Nada más. Pero todos los días.
Ahí lo entendí.
Mi trabajo no era solo reconstruir su fémur. Era reconstruir su relación con su cuerpo. Dejarle una lección en forma de titanio y cicatriz. Un aprendizaje que valiera más que la placa que le puse.
Desde entonces, cada paciente que sale de mi quirófano se lleva dos cosas: una fractura reparada y una misión. Una sola. Concreta. Imposible de ignorar.
Porque he visto morir a demasiada gente por fracturas que nunca debieron suceder. Osteoporosis no diagnosticada. Sarcopenia ignorada. Años sin entrenar fuerza hasta que el primer tropiezo se convierte en el último.
Y todo porque nadie les dijo la verdad: moverte no es opcional. Es supervivencia.

Kintsugi: cuando descubrí que los japoneses entendían mi trabajo mejor que yo
Los japoneses tienen un arte que se llama Kintsugi. Reparar cerámica rota con laca mezclada con oro líquido.
No esconden las grietas. Las celebran. Las vuelven parte de la belleza del objeto.
El cuenco roto se vuelve más valioso precisamente por haberse roto.
Cuando lo descubrí, casi me río de lo obvio que era. Eso es exactamente lo que hago cada día en quirófano.
Pongo placas de titanio. Clavos intramedulares. Tornillos de cortical. Mi kit de herramientas parece la sección de ferretería de Leroy Merlin.
Pero el verdadero oro lo pone el cuerpo.
Ese callo óseo que se forma en las primeras semanas. Ese tejido nuevo, caótico, que va remodelándose durante meses hasta convertir la fractura en la parte más resistente del hueso.
Más fuerte que antes de romperse.
Eso es Kintsugi biológico. Y pasa en tu esqueleto cada vez que te rompes un hueso y lo curas correctamente.
Pero aquí está la clave que nadie te dice sobre los propósitos de año nuevo: no se trata de llegar a 2026 intacto, perfecto, cumpliendo una lista de quince objetivos como si fueras un robot.
Se trata de reconocer dónde te rompiste. Y convertir esas grietas en oro.
No con quince intentos dispersos. Con uno. Que duela. Que importe de verdad.
Mi grieta de 2025 y mi oro de 2026
Terminé 2024 rota. En el sofá. Esperando llamadas de hospitales que no llegaban. Entrevistas prometedoras que terminaban en silencios administrativos.
Harta de estar fuera de Granada. Sin rumbo profesional claro. Completamente estancada.
No hice lista de propósitos. Porque sabía que era mentira.
Hice lo único que sabía hacer: seguir moviéndome. Un pie delante del otro. Como le digo a mis pacientes con fracturas de meseta tibial.
Y mira. Doce meses después: trabajando en mi ciudad. Libro terminado y manuscrito enviado. Premio Cope Granada. Comunidad que confía en mí. Gente que apoya mi trabajo y defiende mi independencia editorial..
Nada de eso estaba en ninguna lista.
Porque las cosas que cambian tu vida nunca están en la lista de enero. Están en lo que haces cuando improvisas. Cuando aguantas. Cuando sigues aunque no sepas a dónde vas.
Mi grieta de 2025 fue no tener rumbo. Mi oro es haber construido uno. Palabra a palabra. Paciente a paciente. Post a post.
¿Mi objetivo para 2026? Uno solo. Concreto:
Publicar mi libro y que llegue a 10.000 lectores en el primer año.
Todo lo demás puede esperar. Porque si consigo eso, habré convertido la fractura más grande de mi carrera en la pieza de oro más valiosa de mi vida.
Tu fractura. Tu oro. 2026.
Dime algo real. Algo que duela. Algo que, si lo consigues, hará que 2026 haya merecido la pena.
No me vengas con la lista del gimnasio y la dieta. Eso es ruido.
Dime qué hueso roto de tu vida necesita oro de verdad. Qué cambio brutal necesitas hacer. Qué obsesión tipo Böhler te va a definir este año.
Porque yo voy a seguir reparando fracturas. Y cada paciente que salga de mi quirófano en 2026 se va a llevar la misma misión que te doy a ti:
Un objetivo. Uno solo. Imposible de ignorar.
Porque las listas de propósitos se evaporan en febrero.
Pero las fracturas bien curadas, esas que consolidaron con el oro del esfuerzo real, esas se quedan para siempre.
Con sus cicatrices de titanio y todo.
Feliz 2026. Sin listas. Solo grietas que convertir en oro.
#LaTraumatologaGeek



He llegado a un punto en el cual primero pulso en "me gusta" y luego leo el artículo. Has generado en mí tanta confianza en la calidad de tus escritos que se que o aprendo, o me entretengo o me asombro o las tres cosas a la vez, y el día que no ocurra te lo perdonaré enseguida por todo el crédito acumulado y pensaré que estabas cansada ( pese a que parece que rezumas energía por los poros) por una de esas guardias inhumanas que a veces nombras.
Es impresionante y tus posts ya están siendo imprescindibles para mí.Cada vez me siento más identificado.Cada vez me llegas más adentro y remueves más dentro de mí.Totalmente de acuerdo en ir a por un solo objetivo, que se cumpla, y que permita sacar beneficio de esa grieta y esos achaques que han dejado una fractura de femur con clavo intramedular y una caída posterior.Solución sólo queda una: moverse y empezar a caminar de forma rutinaria cada día y tus posts y tus palabras parece que lo van a conseguir lo que no ha conseguido nadie.
Si lo han conseguido, espero, unos posts, no sé que es lo que va a conseguir en mí un libro, pero no te quepa la menor duda que ya tienes un primer lector asegurado y que ya estoy deseando tenerlo en mis manos. Lo que conseguirá en mí leer tu libro todavía lo desconozco, pero ya te lo contaré en mi primer libro.Ese sí que ha sido uno de los objetivos que siempre ha estado allí en el horizonte.