El CI nació en Ellis Island. Y nació racista.
Un psicólogo de Princeton decidió en 1913 quién era inteligente, por qué seguimos usando su regla rota. Por qué la "singularidad" de la IA puede ser la mayor fumada tecnológica del siglo XXI
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En mayo de 1913, un psicólogo estadounidense de 47 años llamado Henry Herbert Goddard desembarcó en la isla de Ellis, en Nueva York. Llevaba a dos ayudantes y un maletín lleno de tarjetas. Goddard era un pez gordo: catedrático, director de una escuela para niños con discapacidad y miembro de honor de la American Psychological Association. Acababa de traducir al inglés el primer test de inteligencia de la historia, inventado por el francés Alfred Binet. Básicamente, se creía la repeche.
Esa mañana tenía un plan brillante. En Ellis Island desembarcaban cada día hasta cinco mil inmigrantes de tercera clase. Judíos huyendo de los pogromos, italianos del sur muertos de hambre, polacos, irlandeses. Gente que se había pasado tres semanas vomitando en la bodega de un barco, comiendo basura (si es que comían) y durmiendo sobre tablones. Muchos no hablaban inglés. Ninguno sabía qué demonios era un test de inteligencia.
Goddard y sus acólitos se plantaron en la sala de registro. Señalaban a dedo a los que les daban mala espina: los exhaustos, los que iban hechos unos zorros, los que estaban aterrorizados o no entendían las órdenes a gritos. Y los metían en la sala del test.
Allí sentaban a un chaval italiano que en su vida había pisado una escuela y que llevaba casi un mes sin pisar tierra firme. Le ponían un puzle de madera delante y le daban treinta segundos. Le enseñaban tarjetas con figuras abstractas para que las memorizara. Le preguntaban, a través de un traductor contratado a salto de mata:
¿Qué debería hacer un niño si llega tarde al colegio?
El chaval, lógicamente, se encogía de hombros.n Cero puntos. Al hoyo.
Goddard tuvo las narices de publicar estos resultados entre 1913 y 1917. Agarraos a la silla, porque según sus “datos objetivos”:
El 83% de los judíos eran débiles mentales. El 80% de los húngaros. El 79% de los italianos y el 87% de los rusos eran débiles mentales.
Ojo, que “débil mental” no era un insulto de bar. Era un término clínico. Goddard se había inventado la palabra moron (del griego mōros, tonto) para crear una categoría científica inamovible, con su etiqueta y su nulo futuro clínico.
Once años después, en 1924, el Congreso de EE. UU. aprobó la Johnson-Reed Act para cerrar a cal y canto la inmigración del sur y este de Europa. ¿Adivináis qué? En el debate parlamentario citaron veintitrés veces los dichosos datos de Goddard y test del Ejército.
En los años treinta, cuando los judíos intentaron huir de Hitler hacia Estados Unidos, las cuotas de esa ley seguían ahí. Les cerraron la puerta en las narices. Muchos acabaron en Auschwitz. Y todo empezó con un puzle de madera.
A mí me hicieron un test de CI de cría. Salí de allí creyéndome Einstein. Números, patrones, memorieta. Todo muy occidental, muy de mi cuerda. Y durante años me tragué el cuento. Si a esa misma edad me sueltan en el desierto del Kalahari, duro viva tres horas.
Llevo semanas aguantando la turra de la singularidad de la IA. Que si GPT-5, que si Claude, que si las máquinas nos van a jubilar a todos porque son listísimas.
La singularidad tecnológica es un momento hipotético en el futuro en el que la Inteligencia Artificial (IA) se vuelve más inteligente que los seres humanos. La palabra "singularidad" se toma prestada de la física (se usa para describir el centro de los agujeros negros). En este contexto, significa un punto en el tiempo donde las reglas normales de nuestra civilización ya no aplican y somos totalmente incapaces de predecir qué va a pasar después.
Goddard, Yerkes y la fábrica americana de “estúpidos”
La historia del CI es puro marketing. Binet inventó el test en París en 1905 para detectar a niños que necesitaban apoyo escolar. Era una herramienta empática. Binet lo dejó por escrito tres veces:
Esta escala no mide la inteligencia. La inteligencia no es una magnitud... Esto no es un retrato del alma
Pero Binet se murió en 1911 y a Goddard le faltó tiempo para cruzar el charco, pillar el test y pervertirlo. Donde Binet decía “herramienta de apoyo”, Goddard vio el “termómetro genético del alma”.
En 1917, EE. UU. se mete en la Primera Guerra Mundial. Robert Yerkes, colega de Goddard y pez gordo de Harvard, convence al ejército para testar a millones de reclutas. Los resultados oficiales fueron un chiste macabro:
El 47% de los reclutas blancos tenía la edad mental de un niño de trece años.
El 89% de los reclutas afroamericanos estaba en la misma categoría.
Nadie se paró a pensar que igual el problema era el test. No, la conclusión oficial fue que América se estaba yendo al garete por culpa de la genética de los inmigrantes y los negros. Carl Brigham, el asistente de Yerkes, dejó escrito en 1923 que la “raza nórdica” era intelectualmente superior al resto.
Tres años después, ese mismo Brigham inventó el SAT. Sí, el puñetero examen que hacen hoy millones de chavales para entrar en la universidad americana. Lo parió el tipo que cobraba por justificar que los mediterráneos y los negros eran más tontos.
El paleontólogo que reventó el chiringuito
El que destapó la farsa no fue un psicólogo, sino un paleontólogo que no le debía favores a nadie: Stephen Jay Gould. En 1981 publicó La falsa medida del hombre. Gould bajó a los sótanos y revisó las medidas de cráneos originales que el siglo XIX había usado para “demostrar” la supremacía blanca.
¿El resultado? Era todo mentira. Los científicos habían hecho trampas, promediando a su antojo y descartando lo que no les cuadraba. Sesgo sistemático disfrazado de ciencia.
A Gould le cayeron amenazas de muerte. Mientras tanto, Howard Gardner y Daniel Goleman empezaron a meter el dedo en la llaga demostrando lo obvio: que hay múltiples inteligencias (musical, espacial, naturalista) y que la inteligencia emocional predice tu éxito profesional cien veces mejor que saber completar la serie numérica del dominó. Tu abuela, que te pilla una mentira al vuelo, les habría dado sopas con onda a todos estos académicos.
GPT se saca el MIR, pero no sabe
Y llegamos al circo actual. La IA generativa aprueba el MIR, saca notazas en el SAT y te gana al ajedrez. Y los gurús de Silicon Valley nos venden que la “singularidad” está al caer.
Para el carro. La IA gana los test porque los test los inventaron tíos que medían exactamente lo que la IA sabe hacer: procesar datos masivos con papel y lápiz. La máquina es tan inteligente como Goddard decidió que debía ser la inteligencia en 1913.
Pon a GPT-5 a hacer lo que un crío de cuatro años hace gratis: ya sabes, entrar en el salón y notar la tensión de que sus padres acaban de discutir. Dudar de si decir una verdad porque va a destruir a alguien. Saber callarse la boca a tiempo.
La máquina no tiene teoría de la mente. El famoso Test de Turing no es más que el test de CI adaptado a las máquinas: mide solo lo que esa estrecha regla te permite medir.
La Tía Pepi
España no suele comerse un rosco en el informe PISA. Nuestro CI medio estimado ronda los 97-98 puntos, por debajo de los nórdicos.
Pero mira fuera del papel: tenemos tasas bajísimas de ansiedad no diagnosticada en ancianos. Una sobremesa española (esa orgía de indirectas, politiqueo, humor y gestión de egos) es un ejercicio de inteligencia social extrema.
Tu tía Pepi, que no acabó la EGB, que te monta un cocido para catorce por veinte pavos, y que desactiva una guerra civil familiar con un chiste en el momento exacto, habría sacado un 85 en el test de Goddard. La habrían deportado. Y resulta que Pepi es la persona más brillante de su código postal.
Frente a Goddard, con su estúpido cronómetro, hay una italiana embarazada que acaba de cruzar un océano hacinada, que no sabe qué es un puzle, pero que va a levantar un negocio, criar cinco hijos y ver a su nieta entrar en la Columbia University.
¿De verdad tienes dudas de quién era más inteligente? La singularidad no nos va a aplastar mañana. La singularidad ya pasó cuando decidimos que una cifra en un papel valía más que la capacidad de entender el mundo. Tu tía Pepi lleva cincuenta años esperando a que el mundo se dé cuenta.
Fuentes
Gould, Stephen Jay. The Mismeasure of Man. Edición revisada. New York: W.W. Norton, 1996. https://wwnorton.com/books/9780393314250
Zenderland, Leila. Measuring Minds: Henry Herbert Goddard and the Origins of American Intelligence Testing.Cambridge University Press, 1998. https://www.cambridge.org/core/books/measuring-minds/
Goddard, Henry H. “Mental tests and the immigrant.” Journal of Delinquency 2 (1917): 243-277. Disponible en Internet Archive. https://archive.org/details/jstor-1134056
Sobre la Ley de 1924 y la conexión con la eugenesia
Okrent, Daniel. The Guarded Gate: Bigotry, Eugenics, and the Law That Kept Two Generations of Jews, Italians, and Other European Immigrants Out of America. New York: Scribner, 2019. https://www.simonandschuster.com/books/The-Guarded-Gate/Daniel-Okrent/9781501181399
Inteligencias múltiples
Gardner, Howard. Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences. Edición del 30 aniversario. New York: Basic Books, 2011. https://www.basicbooks.com/titles/howard-e-gardner/frames-of-mind/9780465024339/ Dato clave: formulación original de las ocho inteligencias. Sigue siendo el texto de referencia.
Goleman, Daniel. Emotional Intelligence: Why It Can Matter More Than IQ. New York: Bantam Books, 1995. (Edición castellana: Inteligencia emocional, Kairós.)
Liebenberg, Louis. The Art of Tracking: The Origin of Science. Cape Town: David Philip Publishers, 1990. Versión ampliada disponible en http://www.cybertracker.org/science/books
España
OECD. Health at a Glance 2023. París: OECD Publishing. https://www.oecd.org/health/health-at-a-glance/
Eurostat. Ageing Europe — Looking at the lives of older people in the EU. 2020 edition. https://ec.europa.eu/eurostat/web/products-statistical-books/-/KS-02-20-655
Nota de la autora: Si detectas algún error o tienes información que lo matice, escríbeme. La corrección es parte del proceso.



Cuantos gallegos cuasi analfabetos cruzaron en la bodega....y en dos generaciones criaron universitarios.!!!!!
Este post me ha recordado la película El pequeño salvaje (L'Enfant sauvage) que retrata el trabajo que realizó Itard con un niño que había crecido en aislamiento en la naturaleza. Itard es otro precursor de la educación especial y defendía que la socialización es fundamental para el aprendizaje.