Cristales microscópicos y un dedo momificado que guarda la prueba del crimen
#2 Carlos V: prognatismo, atracones, gota y un mosquito con muy mala idea
Segunda entrega de la serie. Si no leíste la primera parte, te cuento el resumen: Carlos V tenía una mandíbula que no cerraba, comía como si el mundo se acabara mañana, y sus médicos estaban al borde del infarto. Hoy hablamos de lo que toda esa comida le provocó. Spoiler: no fue bonito.
A los 28 años, Carlos V tuvo su primer ataque de gota.
Hoy en día, ver gota en alguien tan joven es raro de narices. Cuando aparece, sabes que hay algo MUY potente detrás.
En el caso de Carlos V, ese “algo potente” era: carne roja, vísceras, cerveza y más carne roja. La dieta imperial era básicamente un manual de instrucciones para fabricar gota.
Pero vamos por partes, que esto hay que entenderlo bien.
¿Qué narices es la gota?
La gota suena a enfermedad antigua, a cosa de reyes medievales con jubón y copa de vino.
Y sí, históricamente la llamaban “la enfermedad de los reyes” porque afectaba sobre todo a los ricos (los únicos que podían atiborrarse de carne y alcohol). Pero la gota no es cosa del pasado. Existe hoy, sigue dando guerra, y la ciencia que hay detrás es brutal.
Es como si dentro de vuestras articulaciones alguien mete miles de agujas microscópicas. Agujas reales, cristalinas y punzantes. Y que provocan una inflamación tan bestia que el simple roce de la sábana contra el dedo gordo del pie a las tres de la mañana te hace ver las estrellas.
Eso es la gota. Y esas agujas existen de verdad: son cristales de urato monosódico.
El ácido úrico: de dónde viene y por qué fastidia
Vuestro cuerpo tiene ADN y ARN (obvio, estáis vivos).
Y ese ADN y ARN están hechos, entre otras cosas, de unas moléculas llamadas purinas. Cuando las células se renuevan o cuando coméis alimentos ricos en purinas (carne roja, vísceras, marisco, cerveza), vuestro cuerpo las descompone. Y el producto final de esa descomposición es el ácido úrico.
Hasta aquí, todo normal. El riñón se encarga de eliminar el ácido úrico por la orina y tan tranquilos.
El problema viene cuando produces demasiado o eliminas demasiado poco. El ácido úrico se acumula en la sangre (hiperuricemia) y, cuando supera cierto umbral de solubilidad, CRISTALIZA.
Se forman esos cristalitos con forma de aguja dentro de las articulaciones. Y el sistema inmune, al detectar algo que no debería estar ahí, lanza una respuesta inflamatoria.
Pensad en ello como si vuestras defensas montaran una guerra nuclear contra unas agujas diminutas. El resultado: dolor, hinchazón, enrojecimiento, calor. Un ataque de gota clásico.
La dieta perfecta para destrozarte las articulaciones
Ahora mirad la dieta de Carlos V con ojos de médico del siglo XXI.
Veinte platos de carne al día. La carne roja es una de las fuentes más potentes de purinas.
Cuatro litros de cerveza diarios. La cerveza es especialmente traicionera porque no solo aporta purinas, sino que el alcohol interfiere con la capacidad del riñón para eliminar ácido úrico.
Es el combo perfecto: produces más Y eliminas menos. Resultado: los niveles de ácido úrico se disparan.
Cero frutas. Cero verduras. Cero de esos alimentos que hoy sabemos que ayudan a reducir el ácido úrico y a proteger el riñón.
Si alguien hubiera diseñado DELIBERADAMENTE la dieta más gotosa posible, no le habría salido mejor que la carta del emperador.
De agudo a crónico: la gota que no se fue
Lo de Carlos V empezó como ataques puntuales a los 28 años.
Pero con el paso del tiempo (y sin cambiar un ápice su dieta, porque él era emperador y los médicos podían opinar lo que quisieran), la gota evolucionó de aguda a crónica.
¿Qué significa eso? Que los cristales de urato no solo aparecen durante los ataques: se QUEDAN.
Se depositan permanentemente en las articulaciones y los tejidos blandos, formando lo que llamamos tofos gotosos. Son bultos visibles, duros, que deforman las manos, los pies, las orejas.
Una de las cosas que más me flipo de la visita a las Galerías Reales de Madrid (si no habéis ido os recomiendo encarecidamente que vayáis). Es que allí se encuentra la famosa armadura de la batalla de Mühlberg, la que usó el emperador para darles para el pelo a los protestantes. Lo curioso de esa armadura es que tuvo que diseñarse específicamente para poder ser usada con alguien con ataques fulminantes de gota.
El emperador, que en su juventud había cabalgado al frente de sus ejércitos como el protagonista de una peli de acción, terminó siendo transportado en silla de manos porque sus articulaciones ya no podían sostenerlo.
Pensadlo un momento: el hombre que gobernaba medio mundo no podía andar.
La prueba del crimen: un dedo momificado y 500 años después
Y ahora viene la parte que me parece más flipante de toda la historia.
En el Monasterio de Yuste se conserva una reliquia del emperador: su dedo meñique momificado. En 2006, un equipo de investigadores publicó un artículo en nada menos que el New England Journal of Medicine (que es como el Champions League de las revistas médicas) con los resultados de analizar ese dedo.
Cortaron láminas finísimas del tejido, las embebieron en parafina, y las miraron con microscopio electrónico y rayos X.
¿Qué encontraron? Cristales aciculares de ácido úrico. Las agujitas. Ahí estaban, cinco siglos después, intactas dentro del dedo del emperador. La prueba forense definitiva de que Carlos V tenía gota severa.
En 2024, otro estudio publicado en Frontiers in Medicine volvió a examinar el mismo dedo y confirmó los hallazgos, describiendo los depósitos dérmicos de ácido úrico con un detalle alucinante.
Ciencia forense aplicada a la historia. Si eso no es flipante, no sé qué lo es.
El giro que no esperabais: el ácido úrico más allá de la gota
Y aquí viene algo que os quiero dejar como semilla para un futuro artículo (porque da para MUCHO).
Durante siglos, el ácido úrico fue “la molécula de la gota” y punto. Si no tenías gota, nadie miraba tu ácido úrico dos veces. Pero la ciencia de los últimos años ha dado un giro que lo cambia todo.
Hoy sabemos que los niveles elevados de ácido úrico se asocian con hipertensión, enfermedad cardiovascular, síndrome metabólico, enfermedad renal y diabetes tipo 2. Incluso en personas que NUNCA desarrollan gota.
El ácido úrico ha dejado de ser solo “la molécula de la gota” para convertirse en un actor del riesgo cardiometabólico global.
Eso significa que esa analítica que os hacéis cada año y en la que aparece el ácido úrico... merece más atención de la que probablemente le dais. Pero eso será otro capítulo, porque Carlos V todavía tiene más historia médica que contarnos.
Después de la gota, al emperador todavía le quedaba una decisión desastrosa por tomar: retirarse al lugar más húmedo y lleno de mosquitos de toda Extremadura. Con la gota más severa de la realeza europea. Y junto a unos estanques que iban a ser su sentencia de muerte.
La semana que viene, en la Parte 3 y final: Yuste, la humedad, los mosquitos, la malaria... y cómo el metabolismo destrozado de Carlos V probablemente le tendió la alfombra roja a la muerte.
Fuentes:
Eso no estaba en mi libro de historia de los Austrias. Editorial Almuzara.
Ordi J, Alonso PL, de Zulueta J, Esteban J, Velasco M, Mas E, Campo E, Fernández PL. “The severe gout of Holy Roman Emperor Charles V”. New England Journal of Medicine, 355:516-520, 2006 https://www.nejm.org/doi/abs/10.1056/NEJMon060780
Fonseca E. “The dermal deposits in the finger of the Holy Roman Emperor Charles I of Spain and V of Germany”. Frontiers in Medicine, 10, 2024 https://doi.org/10.3389/fmed.2023.1287041
Gernert F. “No hay burlas con la podagra. Carlos V y el ácido úrico”. Centro Virtual Cervantes / Primer Congreso Internacional Carolus, 2016 https://cvc.cervantes.es/literatura/carolvs/carolvs_01/13_gernert.htm
Neogi T. “Gout”. New England Journal of Medicine, 364:443-452, 2011 https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMcp1001124
Guía de Práctica Clínica para el Manejo de la Gota. Sociedad Española de Reumatología, 2013 https://www.ser.es/wp-content/uploads/2015/09/GPCGota13.pdf








Impresionante cómo conviertes un episodio histórico en una clase magistral de fisiología sin que el lector se dé cuenta de que está aprendiendo.
La imagen de los cristales de urato como “agujas microscópicas” ya es potente, pero lo del dedo momificado analizado siglos después es directamente brillante. Ahí la historia deja de ser anécdota y se convierte en evidencia. Ciencia forense aplicada a un emperador.
Y hay algo que me parece especialmente interesante, desmontas la idea romántica de enfermedad de reyes para mostrar que en realidad era enfermedad de exceso. Exceso de purinas, exceso de alcohol, exceso de privilegio metabólico mal gestionado. Cambian las épocas, pero el mecanismo inflamatorio es el mismo.
El giro final sobre el ácido úrico como marcador cardiometabólico más allá de la gota abre un melón enorme porque mucha gente ve ese valor en la analítica, no tiene dolor articular y lo ignora y ahí puede estar contándose otra historia silenciosa.
Divulgación de la buena, rigurosa, narrativa y con contexto. Dan ganas de leer la tercera parte ya.
Que artículo tan interesante. En realidad, todos los de esta serie de Carlos V me están encantando!