El emperador que se comió su propio imperio
#1 Carlos V: prognatismo, atracones, gota y un mosquito con muy mala idea.
Primera entrega de una serie sobre la historia clínica más salvaje de la realeza europea. Inspirada en el libro “Eso no estaba en mi libro de historia de los Austrias” y en literatura médica que os va a dejar con la boca abierta. Como a Carlos V, pero por otros motivos.
Leyendo el libro que os digo más arriba, he pensado en iniciar esta serie. El primer capítulo, como no podía ser de otra manera, se dedica a Carlos V. Pero me ha parecido que podía darle una vuelta añadiendo algunas curiosidades médicas. El rollito que a nosotros nos gusta.
Vamos allá. Eres el tío más poderoso del planeta. Controlas medio mundo conocido. Tienes ejércitos, cardenales y embajadores haciendo cola para hablar contigo. Y no puedes cerrar la boca. No en plan metafórico. No puedes.
Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y rey de media Europa (y de paso de América, por si le faltaba algo en la agenda), nació en Gante en 1500 con un regalito genético que le iba a amargar la existencia tanto como cualquier guerra: la mandíbula de los Habsburgo.
Su mandíbula inferior sobresalía tanto que no le encajaba la boca. Un embajador veneciano lo describió en 1517 como un chaval
de rostro alargado y boca ladeada
Básicamente, el perfil de Tinder del siglo XVI menos favorecedor de la historia.
Vale, pero ¿qué es eso del prognatismo?
Vuestra mandíbula (la de abajo) y vuestro maxilar (la de arriba) tienen que encajar como las piezas de un puzle. Cuando cierras la boca, los dientes de arriba quedan ligeramente por delante de los de abajo. Eso es lo normal.
Ahora imagina que la pieza de abajo crece demasiado y se sale del puzle hacia delante. Los dientes no encajan. La boca no cierra. Es lo que en medicina llamamos clase III esquelética, y el efecto práctico es como intentar cortar un filete con unas tijeras rotas. Pero las tijeras son tu cara.
¿Consecuencias? Carlos V masticaba fatal, tragaba peor y hablaba como si tuviera la boca llena de canicas. En una época donde la oratoria era básicamente tu arma política principal, gobernar medio mundo farfullando no era precisamente un superpoder.
Y aquí viene lo que me parece más humano de toda esta historia: Carlos V comía solo. Siempre solo. Se encerraba en sus aposentos y echaba a todo el mundo. No era capricho de emperador diva.
Era vergüenza. Pura y simple vergüenza. El hombre que mandaba sobre medio planeta no soportaba que le vieran masticar. Mientras otros reyes montaban banquetazos como demostración de poder, Carlos luchaba con cada bocado en soledad.
Esto, ojo, no es una anécdota simpática. Es un dato clínico enorme. Apuntadlo porque luego vuelvo a él.
El árbol genealógico que era una rotonda
¿Y de dónde venía esta mandíbula tan espectacular? Pues de donde vienen todas las desgracias genéticas de la realeza: de casarse entre primos como si no hubiera más gente en Europa.
Su árbol genealógico no era un árbol. Era más bien una rotonda.
¿Qué pasa cuando te casas con tu prima? Que tus hijos tienen muchas más probabilidades de heredar dos copias del mismo gen defectuoso (lo que llamamos homocigosidad, pero podéis llamarlo “ruleta rusa genética”).
Si esos genes son los que controlan cómo crece tu cara, el resultado es que la mandíbula se dispara hacia delante y el maxilar se queda corto. La genética avisando en plan:
Os dije que esto iba a pasar, pero no me hicisteis ni caso
Y si creéis que lo de Carlos V era fuerte, esperad a conocer a su descendiente Carlos II “El Hechizado”: coeficiente de consanguinidad de 0,254.
Genéticamente era como si sus padres fueran más que hermanos. No podía masticar. Apenas hablaba. Babeaba constantemente. Su autopsia reveló un corazón diminuto, pulmones destrozados y un cráneo lleno de líquido. Si Carlos V fue el trailer de la película, Carlos II fue la escena postcréditos más terrorífica de la historia de la genética.
Y ahora viene lo gordo: el emperador que no podía parar de comer
Volvamos a Carlos V, porque aquí la cosa se pone médicamente MUY interesante.
Lo de la mandíbula ya sabéis que era un problema. Pero su relación con la comida iba mucho, MUCHO más allá de masticar mal. Las crónicas de la época son unánimes y no se cortan un pelo: Carlos V comía como si le fuera la vida en ello.
Su médico de cabecera, el doctor Villalobos, estaba horrorizado. Os pongo en contexto: por las mañanas, ANTES de levantarse de la cama, se zampaba un tazón de sopas de leche con pan, azúcar y especias. Luego se echaba otra siestecita. A mediodía desplegaba hasta veinte platos. Por la tarde, otra comida completa. Y entre medias, cerveza. Unos cuatro litros al día.
Los cronistas lo describen con una palabra que es un diagnóstico en sí misma: “irreprimible”. No podía parar. Los médicos le suplicaban. Carlos les ignoraba con la majestuosidad de quien lleva la corona del Sacro Imperio.
Y aquí es donde yo, como médica, me hago la pregunta que cambia toda la historia:
¿esto era estrés o era algo más?
Porque si cogemos los criterios del DSM-5 (el manual de psiquiatría que usamos hoy) y los ponemos encima de la mesa, el perfil de Carlos V se parece muchísimo a lo que hoy llamamos Trastorno por Atracón.
Se define por comer cantidades brutales en poco tiempo, sentir que no puedes parar, y hacerlo a solas.
Obviamente, no podemos diagnosticar formalmente a alguien que murió hace cinco siglos. Pero los factores de riesgo están TODOS ahí.
Una infancia emocionalmente desastrosa: criado lejos de su madre (Juana “la Loca”, recluida gran parte de su vida), sin figuras de apego estables, con responsabilidades de adulto desde adolescente. Súmale el estrés de administrar un imperio global, guerras que no terminan, herejías, traiciones...
La comida es el ansiolítico más antiguo de la humanidad. Comer libera dopamina y serotonina, y alivia temporalmente la angustia.
Carlos V no tenía psicólogo, ni pastillas para la ansiedad, ni la opción de desconectar viendo Netflix después de un día horrible en el Sacro Imperio. Tenía veinte platos de carne y cuatro litros de cerveza. Y los usaba TODOS LOS DÍAS.
Pero aquí no acaba la historia. Toda esa comida, toda esa cerveza, toda esa carne... tenía un precio. Y el precio tenía un nombre que todavía hoy hace temblar: la gota. La llamaban “la enfermedad de los reyes”. A Carlos V le llegó con solo 28 años. Y lo que la gota le hizo al emperador más poderoso del mundo merece su propio capítulo.
La semana que viene, en la Parte 2: cristales microscópicos que duelen como mil agujas, un dedo momificado que guarda la prueba del crimen, y por qué el ácido úrico es mucho más peligroso de lo que creéis (incluso si no tenéis gota).
Fuentes
Eso no estaba en mi libro de historia de los Austrias. Editorial Almuzara.
Mandíbula Habsburgo y endogamia (estudio principal) Vilas R, Ceballos FC, Al-Soufi L et al. “Is the Habsburg jaw related to inbreeding?” Annals of Human Biology, 2019 https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31786955/
Coeficiente de consanguinidad Carlos II (F=0.254) y extinción dinástica Álvarez G, Ceballos FC, Quinteiro C. “The Role of Inbreeding in the Extinction of a European Royal Dynasty”. PLOS ONE, 2009 https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0005174
Criterios diagnósticos Trastorno por Atracón - DSM-5 Berkman ND et al. “Management and Outcomes of Binge-Eating Disorder”. NCBI Bookshelf, 2015 https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK338301/table/introduction.t1/
Neurobiología del Trastorno por Atracón: dopamina, serotonina y regulación emocional Riva G et al. “Binge-eating disorder diagnosis and treatment: a recap in front of DSM-5”. BMC Psychiatry, 2015 https://bmcpsychiatry.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12888-015-0445-6







Tu análisis de hechos históricos partiendo de patologías sufridas por los protagonistas es tan original como el que se introdujo en los ochenta partiendo de la realidad social de la gente de la época. Ambos se alejan de esa Historia grandilocuente de datos y fechas vacías. Lo dicho, como docente tienes un inmenso potencial. Gracias
Siempre me recuerdas a mi mejor profesor del instituto, teóricamente daba Literatura Española, pero en la práctica nos hablaba de la historia del momento, de cosas médicas (aún le recuerdo hablando precisamente de la gota de Carlos V y de que Felipe II murió de sífilis por ir con mujeres de baja escala social -él lo llamó de otra forma que no creo que quede bien aquí), de arte y de todo un poco. Las mejores clases de mi vida y las que me hicieron estudiar Historia, Arte y Antropología Social, que amase todavía más escribir, y que quisiera saber siempre más .... Esos son los mejores profesores y los más escasos....