Muy buen texto, sobre todo en cómo vuelve visible algo que suele olvidarse: que la evidencia muchas veces aparece antes que el lenguaje capaz de sostenerla.
Quizá ahí hay algo más inquietante. No es solo que se haya silenciado a quien vio antes, sino que incluso cuando la evidencia está, cuesta integrarla sin romper marcos previos.
Y en ese punto, la historia no habla solo de ignorancia, sino también de una dificultad más profunda para aceptar aquello que desarma lo que ya creíamos entender.
En efecto, Ricardo, lo detectas muy bien. Esa dificultad tan profunda es nuestra profunda dependencia en nuestras creencias. Estas estructuras mentales pueden constituir auténticos edificios de bienestar o inmensas celdas de malestar, que con frecuencia transferimos a los demás. Por nuestras creencias morimos y somos capaces, también, de matar.
Cuando nos encontramos ante evidencia que contradice nuestra creencia solemos atacarla o (menos frecuente) explorarla y evaluarla. Lo más común, más sencillo y que consume menos energía es, sin lugar a dudas, el ataque.
Hola Rut, gracias por tu comentario, y sí, y quizá ahí está lo más difícil.
Porque no es solo que defendamos creencias, sino que muchas veces son lo que nos permite sostener cierta estabilidad. Por eso, cuando algo las desarma, no se siente como una corrección, sino como una amenaza.
Y en ese punto, lo que aparece no es solo resistencia a la evidencia, sino algo más básico: la dificultad de reorganizarse sin eso que nos sostenía. Miedo, siempre el miedo al desequilibrio.
Hola, Ricardo. Gracias por tu respuesta, es muy valiosa. Lo apuntas con precisión, no solo las defendemos por capricho, lo hacemos porque en nuestro cerebro las creencias están codificadas en términos de supervivencia. En ese sentido, cuando algo las amenaza, lo sentimos como una cuestión de vida o muerte, y ya sabes lo que hacen los organismos cuando se ven enfrentados ante una cuestión así.
Por eso, parte de nuestro trabajo de humanización consiste en neutralizar lo más posible estos circuitos automáticos, aprendiendo a matizar, a discernir si lo que amenaza es realmente de vida o muerte, o está activando circuitos de nuestro cerebro que resultan desmesurados para nuestro contexto.
Y ello requiere un desaprendizaje ;) para sostener el caos momentáneo, el desequilibrio leve que se produce cuando encontramos evidencias de que nuestra creencia no tiene fundamento sólido.
Lo es, Cristina. No podría negarlo. Sin embargo, no requiere tanto esfuerzo racional como podría parecer y en cambio, se siente más como esa decisión que tomas de llevarte a una sesión para que te descontracturen y cuando ya estás ahí, el cuerpo y el alma entera te agradecen haber dado ese pequeño paso, porque todo empieza a ponerse en su lugar. El cuerpo empieza a responder y la mente también.
El asunto es que nos suele pasar como les ocurre a los niños pequeños que no quieren ir al dentista porque tienen miedo de que sea una experiencia dolorosa, y tal vez lo sea, pero no tanto, y casi nunca lo es en las dimensiones en que un niño se lo imagina.
Felicidades por el artículo. Me pregunto cuánto expertos locos hoy en día con razonamientos más que lógicos tendrá que esperar unos cuantos años para ser reconocidos, como le paso a nuestros protagonistas de la historia.
Magistral tu artículo y la comparativa con nuestro ahora ... Con todos los medios habidos y por haber, seguimos creyendo en la "generación espontánea".
Muy bueno. Y, para mi gusto, lo mejor es la reflexión final: "cuánto vamos a tardar en quemar al siguiente". De verdad, que no creí nunca a mis años, volver a ver negacionistas de la ciencia y de las vacunas. En su mayoría gente que no sabe sabe absolutamente NADA de inmunología ni de vacunas. Y que se cierran en banda, para sí o para sus hijos con argumentos totalmente rocambolescos. Y esa gente fue la que asesinó a Ibn al Jatib y está en todas las sociedades. Realmente da miedo.
Amo estos textos de divulgación humana tan ricos y nutritivos. Es maravilloso saber que siempre han existido (y siguen existiendo) seres humanos inquietos que miran el mundo con atención y son capaces de detectar e intuir cosas que años después la ciencia sustenta.
excelente
Muy buen texto, sobre todo en cómo vuelve visible algo que suele olvidarse: que la evidencia muchas veces aparece antes que el lenguaje capaz de sostenerla.
Quizá ahí hay algo más inquietante. No es solo que se haya silenciado a quien vio antes, sino que incluso cuando la evidencia está, cuesta integrarla sin romper marcos previos.
Y en ese punto, la historia no habla solo de ignorancia, sino también de una dificultad más profunda para aceptar aquello que desarma lo que ya creíamos entender.
En efecto, Ricardo, lo detectas muy bien. Esa dificultad tan profunda es nuestra profunda dependencia en nuestras creencias. Estas estructuras mentales pueden constituir auténticos edificios de bienestar o inmensas celdas de malestar, que con frecuencia transferimos a los demás. Por nuestras creencias morimos y somos capaces, también, de matar.
Cuando nos encontramos ante evidencia que contradice nuestra creencia solemos atacarla o (menos frecuente) explorarla y evaluarla. Lo más común, más sencillo y que consume menos energía es, sin lugar a dudas, el ataque.
Hola Rut, gracias por tu comentario, y sí, y quizá ahí está lo más difícil.
Porque no es solo que defendamos creencias, sino que muchas veces son lo que nos permite sostener cierta estabilidad. Por eso, cuando algo las desarma, no se siente como una corrección, sino como una amenaza.
Y en ese punto, lo que aparece no es solo resistencia a la evidencia, sino algo más básico: la dificultad de reorganizarse sin eso que nos sostenía. Miedo, siempre el miedo al desequilibrio.
Hola, Ricardo. Gracias por tu respuesta, es muy valiosa. Lo apuntas con precisión, no solo las defendemos por capricho, lo hacemos porque en nuestro cerebro las creencias están codificadas en términos de supervivencia. En ese sentido, cuando algo las amenaza, lo sentimos como una cuestión de vida o muerte, y ya sabes lo que hacen los organismos cuando se ven enfrentados ante una cuestión así.
Por eso, parte de nuestro trabajo de humanización consiste en neutralizar lo más posible estos circuitos automáticos, aprendiendo a matizar, a discernir si lo que amenaza es realmente de vida o muerte, o está activando circuitos de nuestro cerebro que resultan desmesurados para nuestro contexto.
Y ello requiere un desaprendizaje ;) para sostener el caos momentáneo, el desequilibrio leve que se produce cuando encontramos evidencias de que nuestra creencia no tiene fundamento sólido.
Que dificil es desaprender!! Implica mucho más esfuerzo racionalmente y nos negamos a ello
Lo es, Cristina. No podría negarlo. Sin embargo, no requiere tanto esfuerzo racional como podría parecer y en cambio, se siente más como esa decisión que tomas de llevarte a una sesión para que te descontracturen y cuando ya estás ahí, el cuerpo y el alma entera te agradecen haber dado ese pequeño paso, porque todo empieza a ponerse en su lugar. El cuerpo empieza a responder y la mente también.
El asunto es que nos suele pasar como les ocurre a los niños pequeños que no quieren ir al dentista porque tienen miedo de que sea una experiencia dolorosa, y tal vez lo sea, pero no tanto, y casi nunca lo es en las dimensiones en que un niño se lo imagina.
Felicidades por el artículo. Me pregunto cuánto expertos locos hoy en día con razonamientos más que lógicos tendrá que esperar unos cuantos años para ser reconocidos, como le paso a nuestros protagonistas de la historia.
Interesantísimo, doctos. Gracias.
Doctora, quise decir.
Magistral tu artículo y la comparativa con nuestro ahora ... Con todos los medios habidos y por haber, seguimos creyendo en la "generación espontánea".
Excelente, gracias.
Y si, la necedad también se contagia por "mal aria".
Habría que terminar con la atmósfera...
Redondo. Me gusta mucho la defensa del nivel científico del mundo hispano antes de la Ilustración.
Una gran historia. Está visto que no aprendemos del efecto de los fanatismos por muchos siglos que pasen. Una pena.
Super capsula cultural. Y si es increíble que seamos tan malos en aprender (negaciones alrededor de COVID 19)!
GRACIAS
Me ha gustado!!!! Bien redactado y interesante de leer, gracias x tu trabajo!!
Muy bueno. Y, para mi gusto, lo mejor es la reflexión final: "cuánto vamos a tardar en quemar al siguiente". De verdad, que no creí nunca a mis años, volver a ver negacionistas de la ciencia y de las vacunas. En su mayoría gente que no sabe sabe absolutamente NADA de inmunología ni de vacunas. Y que se cierran en banda, para sí o para sus hijos con argumentos totalmente rocambolescos. Y esa gente fue la que asesinó a Ibn al Jatib y está en todas las sociedades. Realmente da miedo.
Interesantísimo texto desde el primer renglón hasta el final. gracias Doc
Excelente artículo. Y muy revelador comprobar como se repiten los mismos patrones de comportamiento humano con 700 años de margen.
Amo estos textos de divulgación humana tan ricos y nutritivos. Es maravilloso saber que siempre han existido (y siguen existiendo) seres humanos inquietos que miran el mundo con atención y son capaces de detectar e intuir cosas que años después la ciencia sustenta.
Olé. Viva Graná y Almería!!
Excelente texto Doctora. Mi respeto.