Tu músculo se llena de grasa como un jamón
Pero no es por las calorías. La diferencia está en el carro de la compra.
Aquí, como siempre, el conflicto de interés: no hay ninguno. No cobro de marcas, ni de suplementos, ni de nadie que venda barritas. Esto se paga con lo que ponéis vosotros, los suscriptores. Gracias, de verdad: sois vosotros los que me dejáis decir lo que me da la gana.
Llevo desde el mes de abril mostrando a medio mundo una resonancia magnética concreta. Son los muslos de dos mujeres. Tienen 61 y 62 años, idéntico peso en la báscula y usan la misma talla de pantalón. Sin embargo, al observar el corte transversal del cuádriceps, el músculo de una parece un lomo de wagyu carísimo, completamente veteado de grasa. El de la otra es tejido magro. Carne roja limpia.
Lo que separa ambas imágenes no son las calorías ingeridas, ni una genética caprichosa, ni las horas de gimnasio. Y la parte verdaderamente incómoda de esta historia es que la herramienta clínica para medir semejante destrozo metabólico no nació en una consulta de nutrición. La ideó un cirujano francés en 1994 intentando averiguar a qué pacientes ya no tenía sentido operar.



