Terremoto en Venezuela. La muerte sonriente
Por qué salir vivo de los escombros es solo la mitad de la batalla, y qué puedes hacer tú cuando el rescate depende de los vecinos.
Antes de nada, el conflicto de interés: ninguno. A este blog no lo paga ninguna farmacéutica, ninguna marca. Lo pagáis vosotros, los que estáis suscritos. Y gracias a eso puedo escribir con la mas absoluta LIBERTAD. Mil gracias.
Desde que publiqué el último vídeo sobre el terremoto de Venezuela, no he parado de recibir el mismo mensaje. Cientos de personas preguntando lo mismo:
y si me toca, ¿qué hago? ¿Qué pasa cuando no llega ningún tipo de ayuda formal y sólo estamos los vecinos?
Así que aquí van los consejos. Pero antes, para quitarnos una cosa de la cabeza: el consejo no es “no ayudes” sino “ayuda, pero con cabeza”.

Porque en una catástrofe de verdad, los primeros que cavan entre los escombros, normalmente no son los bomberos. Son los vecinos, con las manos desnudas. Lo dicen todas las guías de medicina de catástrofes: las primeras horas, el rescate lo hace la calle. Lo que viene son esas guías traducidas a algo que puedas usar.
Y hay una cosa que tienes que saber, porque casi nadie la sabe y mata a gente que ya estaba a salvo. Existe una trampa que se esconde en cada rescate, justo cuando crees que has ganado. Los médicos usamos un nombre tan negro como exacto: la muerte sonriente.
Un médico, una ciudad ardiendo y un patrón que nadie veía
Londres, 1941. Los bombardeos nazis llevan meses machacando la ciudad. Cada noche, edificios enteros se vienen abajo con gente dentro. En el hospital de Hammersmith hay un médico joven, Eric Bywaters, que empieza a ver algo que no encaja.
Llegan personas a las que han sacado vivas de entre los escombros. No tienen heridas graves. Una pierna aplastada o hinchada, pero están despiertas, hablan, parecen estables. Y a las pocas horas se les oscurece la orina hasta ponerse color negro, los riñones dejan de funcionar y se mueren.
Una detrás de otra. Bywaters hace lo que hace un buen médico cuando la realidad no cuadra. Estudia los casos, analiza la orina, examina los riñones. Y en 1941, junto a su colega Beall, publica en el British Medical Journal la descripción de algo que hasta entonces no tenía nombre.
Lo llama síndrome de aplastamiento. Su hallazgo fue tan importante que durante décadas se conoció como “síndrome de Bywaters”. Una trampa que llevaba matando gente desde que existen los terremotos y los derrumbes.
Porque esto es lo que descubrió, y que no te esperas: a aquellas personas las mató quitarles el peso de encima. El rescate.
Lo que pasa por dentro mientras estás atrapado
Piénsalo así. Imagina una botella de refresco que llevas dos horas agitando sin parar, pero con el tapón puesto. Por fuera no pasa nada. Dentro, la presión es una bomba.
Eso es un músculo aplastado bajo una losa. Mientras hay peso encima, el músculo machacado se va deshaciendo poco a poco y suelta su contenido: potasio, ácido y una proteína que se llama mioglobina. Pero ese veneno se queda atrapado en la zona aplastada, sin circular. La losa, sin querer, hace de tapón.
Tú llegas. Levantas la losa y, sin querer, quitas el tapón. Y todo ese cóctel entra de golpe en la sangre y viaja directo a dos sitios que no perdonan: el corazón y los riñones.
El potasio en exceso es lo que para el corazón. Late gracias a impulsos eléctricos finísimos, y un golpe brusco de potasio los cortocircuita (que para eso es un ión positivo). Los latidos son un caos y, a veces, se detienen. Por eso la persona puede estar hablando contigo y desplomarse minutos después de quedar libre.
La mioglobina, mientras tanto, va atascando los riñones. Días después, fallan. Se llama la muerte sonriente porque la víctima a veces sonríe, justo antes de morir.
Y esto está pasando ahora, en la misma tierra de siempre
Venezuela ya conoce este horror. Desde hace siglos. El 26 de marzo de 1812, Jueves Santo. Caracas entera está rezando en las iglesias cuando, en 26 segundos, la ciudad se derrumba. Mueren unas diez mil personas solo en la capital.
Los curas realistas, hábiles, le gritaron al pueblo que era un castigo de Dios por rebelarse contra el Rey. Y tenían un argumento de marketing perfecto: el terremoto había arrasado las ciudades patriotas y dejado casi intactas las que seguían fieles a la corona.
El cielo no tuvo nada que ver. Lo que partió Caracas fue una falla geológica que cruza el norte del país, la misma que volvió a temblar hace dos días. Y un detalle que pone los pelos de punta: una de las ciudades que cayó en 1812 se llamaba San Felipe. Hoy, San Felipe vuelve a estar en el epicentro.
La tierra no entiende de siglos ni de banderas. Lo que sí ha cambiado en estos doscientos años es lo que sabemos hacer cuando tiembla. Y ahí es donde entras tú.
Qué puede hacer una persona normal (sin formación médica)
Aquí va lo importante. El rescate, las primeras horas, lo hace la calle. Y estas son las cosas que de verdad importan. Ninguna necesita un título de medicina.
No te conviertas en la víctima número dos. Es la regla de oro de cualquier rescate. Un edificio medio caído puede terminar de caerse con la siguiente réplica. Hay escapes de gas, cables, cristales, estructuras que aguantan por los pelos.
Si puedes llegar a la persona y es seguro, quítale el peso cuanto antes. Cuidado, porque esto parece contradecir todo lo anterior y no lo hace. La trampa de la “muerte sonriente” no significa que haya que dejar a la gente sepultada. Para un equipo médico con goteros y monitores, a veces conviene estabilizar antes de liberar. Pero si tú eres el único que hay y no viene nadie con un equipo, mantener a alguien aplastado horas y horas es peor. La guía de primeros auxilios para gente de a pie lo dice claro: retira la fuerza que aplasta tan pronto como sea seguro hacerlo. Lo decisivo es lo que haces antes y después.
Tras ver el vídeo, la gente me preguntaba ¿pero qué suero usamos, doc? Pues bien, el agua es tu medicina más potente. Esto es lo más importante que vas a leer hoy, y casi nadie lo sabe. Si llegas a la persona y está consciente y puede tragar, dale de beber. Sorbos pequeños y seguidos, no de golpe. Empieza a hidratarla aunque siga atrapada, si alcanzas a darle el agua.
¿Por qué? Porque llenar el cuerpo de líquido diluye ese veneno liberado por los músculos antes de que se suelte. Además, les da a los riñones una manguera con la que defenderse. Los médicos lo hacemos con goteros en vena. Tú lo haces con un vaso. Cuando no hay otra cosa, beber salva riñones y vidas.
Dos salvedades: nada de obligar a beber a alguien adormilado o que no responde bien, porque se puede atragantar. Y nada de litros de agua sola a saco; mejor poca cantidad muchas veces.
Si sangra mucho, presión directa. El torniquete, casi nunca. Si hay una hemorragia que no para, aprieta fuerte sobre la herida con lo que sea, y no aflojes. Olvídate de la película de hacer un torniquete. Mal puesto, hace más daño que bien. La mayoría de las hemorragias ceden cuando se aplica suficiente presión el suficiente tiempo.
El momento más peligroso es justo después de liberarla. No te relajes. Porque aquí es donde se pierden las vidas que parecían ganadas. La sacas, hay abrazos, todo el mundo respira. Y es justo entonces cuando puede llegar el paro. Quédate al lado, háblale, vigíla. Si deja de responder, empieza compresiones en el pecho (RCP) y no pares hasta que llegue ayuda. Si no sabes hacer RCP, hoy es buen día para mirar un vídeo de tres minutos.
Apunta la hora y al hospital, aunque parezca que está bien. Cuanto más tiempo ha pasado aplastada una persona, mayor es el riesgo. Si sabes cuántas horas lleva, díselo a quien la atienda: es información de oro. Esto es, quizás, lo más difícil de creer y lo más importante:
aunque la persona esté hablando, caminando y diciendo que se encuentra perfectamente, tiene que ir al hospital.
La bomba puede estallar horas después. “Parece que está bien” es exactamente la frase que precede a la muerte sonriente.
Lo que de verdad cambió en doscientos años
En 1812, cuando Caracas se vino abajo, lo único que la gente tenía para entender la catástrofe era el cielo. Era un castigo divino, un pecado. En 1941, un médico miró a los muertos que no encajaban. Esa pregunta convirtió una sentencia en un problema con solución.

La tierra volverá a temblar. En Venezuela, en Turquía, en Granada (también somos zona sísmica), donde sea. Eso no lo podemos cambiar. Lo que sí podemos cambiar es cuánta de esa gente que sale viva de los escombros sigue viva al día siguiente. Es el momento de aprovechar para aprender a no perder a quien hemos rescatado. Y esa parte, también está en tus manos.
A quien está cavando ahora mismo buscando a los suyos: no estáis solos. Y lo que hacéis importa más de lo que creéis.
Fuentes
El origen del síndrome de aplastamiento
Bywaters EG, Beall D. Crush injuries with impairment of renal function. Br Med J. 1941;1(4185):427–432. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2161734/
El mecanismo (potasio, mioglobina, riñón, corazón)
Sever MS, Vanholder R, Lameire N. Management of crush-related injuries after disasters. N Engl J Med. 2006;354(10):1052–1063. https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMra054329
Zhang MW, et al. Cardiovascular events in crush syndrome: on-site therapeutic strategies. Front Pharmacol. 2024. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC11452875/
Qué hacer sobre el terreno (incluida gente sin formación)
Australian and New Zealand Committee on Resuscitation (ANZCOR). Guideline 9.1.7 – First Aid Management of Crush Injury. 2023. https://www.anzcor.org/home/first-aid-management-of-injuries/guideline-9-1-7-first-aid-management-of-crush-injury
Sever MS, Vanholder R, et al. Recommendations for the Management of Crush Victims in Mass Disasters. Nephrol Dial Transplant. 2012. https://www.era-online.org/wp-content/uploads/2025/09/CRUSH-RECOMMENDATIONS-FIELD-VERSION.pdf
Joint Trauma System. Crush Syndrome – Prolonged Field Care Guideline. 2016. https://jts.health.mil/assets/docs/cpgs/Crush_Syndrome_PFC_28_Dec_2016_ID58.pdf
Prehospital management of earthquake crush injuries: a collective review. 2023. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC10664202/
Nota de la autora: este artículo traduce a lenguaje de calle guías médicas de catástrofes. Ninguna lectura sustituye a la formación profesional ni al criterio de un profesional sobre el terreno. La medicina de emergencias evoluciona y hay puntos (como el uso de torniquetes) en los que los propios expertos no se ponen de acuerdo. Si tienes formación sanitaria y ves algo que matizar, escríbeme. La corrección es parte del trabajo.





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