Lisfranc, el cirujano que amputaba en 15 segundos
y por qué su nombre sigue aterrando a los deportistas de élite
Hay un momento específico en cada guardia, generalmente a las cuatro de la mañana, en el que el café de la máquina ya sabe a gasolina y tu cerebro empieza a operar en piloto automático. Es justo ahí, en ese instante de vulnerabilidad, donde se esconde mi mayor terror como traumatóloga.
No es una fractura abierta con el hueso asomando; esas son fáciles, gritan “operame”. Mi pesadilla es silenciosa. Es un pie hinchado que parece “solo un esguince”. Es una radiografía que, a primera vista, parece normal.

Pero si parpadeo, si mi cerebro cansado decide ignorar ese milímetro de separación entre dos huesos, condeno a ese paciente a una vida de dolor y cojera permanente.
Esa es la sombra de Jacques Lisfranc persiguiéndome dos siglos después.
El "carnicero" más rápido del Oeste (y del Este)
Para entender por qué sudo frío con una simple radiografía de pie, tenemos que viajar al invierno ruso de 1812. Imagina el caos. Las tropas de Napoleón se retiran, el frío congela hasta el aliento y los hospitales de campaña son carnicerías improvisadas.
En medio de ese infierno hay un cirujano, Jacques Lisfranc de St. Martin. Un tipo brillante, arrogante y brutalmente rápido. No tenía opción. Sin anestesia, la velocidad era la única piedad.
Lisfranc se dio cuenta de un patrón macabro entre los jinetes de caballería. Cuando un soldado caía del caballo pero su pie se quedaba atrapado en el estribo, el peso del cuerpo y la inercia destrozaban la parte media del pie. Los ligamentos estallaban, los huesos se desplazaban y el arco del pie colapsaba.
La gangrena venía después. La única solución era amputar. Y Lisfranc, cronómetro en mano, desarrolló una técnica para desarticular la parte delantera del pie en menos de un minuto. Quince segundos, dicen algunos cronistas, para separar el metatarso del resto del cuerpo. Un corte circular perfecto, un crujido, y el soldado vivía. Cojo, pero vivo.
La llave maestra de tu pie
Hoy ya no amputamos por esto (menos mal), pero la anatomía que Lisfranc estudió entre gritos y pólvora sigue siendo la misma que te sostiene mientras lees esto.
El pie es una obra maestra de ingeniería, un arco romano hecho de hueso. Y como todo arco, tiene una “clave de bóveda”, una piedra central que, si la quitas, hace que todo el edificio se venga abajo. Esa clave es la base del segundo metatarsiano. Está encajada ahí, protegida por un ligamento durísimo.
El problema es que ese ligamento es traicionero.
En mis guardias ya no veo jinetes de dragones napoleónicos, pero veo algo biomecánicamente idéntico: el conductor que pisa el freno a fondo justo antes del impacto, o el futbolista que tiene el pie clavado en el césped cuando un defensa de 90 kilos le cae encima. El estribo moderno.
El pie hace “crack”. Pero a veces, el hueso no se rompe de forma obvia. A veces, simplemente se separan un poco. Y aquí es donde entra mi obsesión.
El “Signo de la Mancha”
Miro la pantalla. El paciente me dice que le duele, que tiene un moratón en la planta del pie (un signo clásico que nunca ignoro), pero la radiografía parece inocente.
Entonces hago zoom. Busco obsesivamente un pequeño fragmento de hueso, una “avulsión” minúscula entre el primero y el segundo metatarsiano. Le llamamos el Fleck Sign. Es un puntito blanco, casi invisible.
Si lo veo, se me acelera el pulso.
Ese puntito significa que el ligamento de Lisfranc ha arrancado un trozo de hueso al romperse. Significa que el arco del pie está suelto. Significa que si le digo a ese paciente
vete a casa, es un esguince, ponte hielo
en seis meses tendrá el pie plano, deformado y con una artrosis tan brutal que apenas podrá caminar.
Ahí es donde la historia cambia. Donde Lisfranc metía el cuchillo, yo meto tornillos. Tengo que abrir, reducir esa separación milimétrica y fijar el arco para que cicatrice en su posición perfecta. Es una cirugía de precisión, no de velocidad, pero la urgencia de detectarlo es la misma.
La lección de Lisfranc
Jacques Lisfranc nos enseñó anatomía a base de cuchillo y velocidad. Hoy usamos TACs y reconstrucciones 3D, pero el principio es el mismo: hay estructuras en tu cuerpo que son sagradas. La articulación de Lisfranc es una de ellas.
Es brutal pensar que lo que aprendimos de soldados gritando en la nieve rusa es lo mismo que uso hoy para salvar la carrera de un futbolista o para que tú puedas volver a correr maratones.
Lo que acabas de leer es solo una pieza del puzzle. La traumatología es apasionante, pero hay un tema que me obsesiona todavía más porque nos afecta a todos (sí, a ti también, aunque no te hayas caído de un caballo).
La artrosis. El óxido. El “ruido” en las bisagras. Llevo meses cocinando algo muy bestia. Lo llamo “Hackeando tu Artrosis”. Lo estoy escribiendo en tiempo real con mis Suscriptores Premium. ¿Dudas sobre suplementos? Las investigo y escribo un capítulo. ¿Miedo a una cirugía? Lo desmontamos juntos.
Fuentes
Jacques Lisfranc • LITFL Medical Blog • Eponym Library https://litfl.com/jacques-lisfranc/
Lisfranc Injury of the Foot: A Commonly Missed Diagnosis https://www.aafp.org/pubs/afp/issues/1998/0701/p118.html
Lisfranc injury | Radiology Reference Article | Radiopaedia.org https://radiopaedia.org/articles/lisfranc-injury
Lisfranc Dislocation - StatPearls - NCBI Bookshelf https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK448147/
Evaluation of the Tarsometatarsal Joint Using Conventional Radiography, CT, and MR Imaging https://pubs.rsna.org/doi/full/10.1148/rg.342125215








Jamás pensé que me engancharía a un blog de medicina pero oye, aquí me tienes. Descubrí tu blog ayer y ya llevo 12 artículos leídos.
Que interesante todo lo que nos describes. Y además explicado con claridad. Muchísimas gracias por tu tiempo y tu dedicación.