La expedición Balmis
cómo 22 huérfanos salvaron 500.000 vidas... y a millones más después
A Coruña. 30 de noviembre de 1803. Puerto del Orzán.
El viento golpea las velas de la corbeta María Pita mientras el capitán Viotty ordena soltar amarras. En la bodega, entre cajas de provisiones y barriles de agua dulce que durarán más que el viaje, hay 22 niños hacinados.
Benito, siete años, tiene fiebre. No es enfermedad. Es exactamente lo que quería Balmis.
Hace tres días, el médico alicantino Francisco Javier Balmis le hizo dos incisiones superficiales en el brazo. Nada que duela demasiado. Pero lo que pasó después sí duele. La linfa que inoculó (ese líquido extraído de las pústulas de otro niño) está ahora replicándose en las células de Benito. Su sistema inmunológico, que nunca en su vida ha visto viruela, está despertando en pánico.
A su lado, Isabel Zendal está mojando un trapo en agua. Tiene 32 años, es la única mujer a bordo, y es la única que puede cuidar a estos 22 mientras cruzan un océano que tardará 40 días. Nadie promete que Benito (posiblemente su hijo adoptivo) llegue vivo al otro lado.
Pero eso es exactamente el plan.
Porque la corbeta María Pita no viaja con provisiones médicas. Viaja con una bomba biológica de tiempo: mantener vivo un virus mientras cruzas 6.000 kilómetros de agua abierta, para salvar imperio tras imperio de la enfermedad que mata más niños que cualquier otra cosa en el mundo.
La viruela. La pesadilla sin nombre.
Y la única forma de llevarla es que viva dentro de carne humana. Que salte de brazo a brazo. Que 22 huérfanos hagan de acueductos de la inmortalidad científica.
Esto no es una película de Marvel.
Esto pasó de verdad.
La catástrofe sin nombre
Cuando comenzó el siglo XIX, la viruela no era una amenaza distante. Era la pesadilla que mata hijos. En las ciudades españolas de América y Filipinas, morían miles de niños (literalmente miles) cada año. En la España del siglo XVIII, la viruela era la primera causa de mortalidad infantil de Europa. Ganaba por goleada.
Para contextualizar: si contraías viruela de forma natural, tenías un 30% de probabilidades de morir. Incluso si sobrevivías, podías quedarte ciego. Desfigurado. Sin futuro.
Había un antídoto. Uno solo. Y duraba días.
La vacuna contra la viruela. El descubrimiento de Edward Jenner en 1796 era el arma. Pero había un problema apocalíptico: era imposible transportarla a través del océano. El virus necesitaba un hospedador vivo. Sin refrigeración, sin químicos de conservación, sin nada de lo que disponemos ahora, la vacuna moría después de una semana.
¿Cómo llevas una vacuna a través de 40 días de travesía oceánica?
Balmis tuvo la respuesta más brillante y más brutal de la medicina:
Usas niños. De verdad.
Los 22 ángeles (o el experimento del que nadie habla)
Francisco Javier Balmis, médico personal del rey Carlos IV, miraba al responsable del hospicio de huérfanos de A Coruña y le planteaba una proposición que suena a pesadilla:
“Necesito 22 niños.”
“¿Para qué?”, preguntaría con los ojos abiertos como platos.
“Para que lleven el virus dentro de sus brazos alrededor del mundo.”
No fue consensuado. Fue ferozmente pragmático.
Balmis necesitaba niños de entre 3 y 9 años con una característica muy específica: que nunca hubieran tenido viruela. ¿Por qué esto importaba? Porque los niños que él necesitaba debían ser “inmunológicamente vírgenes”.
Espera, deja que te explique esto porque aquí es donde la medicina se vuelve impresionante.
La inmunología brutal: por qué dos niños, no uno
Cuando el sistema inmunológico de un niño nunca ha visto un virus, pasa algo mágico.
Piensa en el brazo de Benito en la bodega oscura del barco. El virus de la vacuna está multiplicándose exponencialmente en sus células. No son células muertas. Son máquinas vivas replicando código viral.
Pero su cuerpo aún no lo sabe.
Tus vigilantes inmunológicos capturan las moléculas del virus y corren al ganglio linfático más cercano gritando
¡ALERTA! ¡ANTÍGENO NUEVO! ¡CÓDIGO DESCONOCIDO!
Allí presentan el virus a los linfocitos T vírgenes células que nunca en su vida han visto este patógeno.
Esos linfocitos T vírgenes despiertan como si acabaran de tomar tres expresos.
Se activan. Se clonan. Se multiplican exponencialmente. Cada clon idéntico aprende a reconocer ese antígeno específico. Generan células T efectoras que van al combate. Y (esto es lo importante) generan células T de memoria que vivirán décadas, esperando el momento en que vuelva el patógeno.
En paralelo, los linfocitos B hacen lo suyo: producen anticuerpos IgM primero (los anticuerpos básicos, “pánico inmediato”), pero gracias a la activación de los linfocitos T, realizan una mutación genética llamada hipermutación somática. Eso significa que los anticuerpos se refinan, se especializan.
El resultado: una respuesta inmunitaria primaria devastadora contra el antígeno.
Esto es lo que Balmis sabía, aunque probablemente no con estos términos exactos:
Un niño que nunca ha tenido viruela monta una respuesta inmunológica óptima.
Pero (y aquí está la parte genial) necesitaba dos niños, no uno. ¿Por qué?
Porque si una inoculación fallaba, si por cualquier razón el virus no “prendía” en un niño, toda la expedición estaba destruida. 22 niños, 40 días de océano, cero forma de conseguir más. Si perdía la cadena viral, la misión fracasaba.
Con dos niños inoculados en paralelo, con una semana de diferencia, Balmis tenía redundancia. Mientras uno desarrollaba las pústulas, el otro ya estaba infectado. Dos vidas para asegurar millones.
El mecanismo: de brazo a brazo
El protocolo era medieval pero funcional:
Día 0: Balmis hacía dos pequeñas incisiones en el brazo del niño con una lanceta (básicamente, una aguja quirúrgica) empapada en linfa vacunal. El niño grita. Es rápido. Dura segundos.
Día 8-10: Las pústulas maduraban. El niño tenía fiebre, incomodidad, básicamente, síntomas leves de viruela. Esto era normal y esperado. Pero mientras tanto, cada célula de esa pústula estaba replicando virus. Miles de copias. Millones.
El momento: Con la pústula en su punto álgido, Balmis extrae el líquido (la linfa vacunal) y lo inocula en el siguiente niño (o preferiblemente, en dos niños). Porque si alguno muere. Si ese virus muere.
Toda la expedición colapsa.
Repetición: Durante toda la travesía, cada 8-10 días, el virus saltaba de brazo a brazo. Cadena humana de contagio deliberadamente controlado.
Es importante entender esto: era un protocolo científico. Estaban infectando deliberadamente a niños sanos para mantener vivo el virus. Y los niños no se morían. Tenían fiebre, se curaban en días, y quedaban inmunizados contra la viruela humana, la de verdad, la que mata.
Porque (y esto es lo crucial) la viruela vacuna (cowpox) es completamente distinta de la viruela humana. Es benigna. Pero el sistema inmunológico que monta respuesta contra cowpox también reconoce y destruye la viruela humana.
Protección cruzada. Inmunidad transferida.
Es como si Balmis hubiera descubierto: “Si enseño a tu cuerpo a combatir el gemelo pequeño y débil de la viruela, automáticamente aprende a combatir al villano de verdad.”
Isabel Zendal: la mujer que todo el mundo debería conocer.
Aquí es donde el relato se vuelve verdaderamente brutal.
A bordo de la María Pita viajaba una sóla mujer: Isabel Zendal Gómez.
Nacida alrededor de 1771 en Santa Marina de Parada, La Coruña, de familia humilde. No tenía formación oficial. Era una enfermera (lo que ahora llamaríamos “cuidadora”) que trabajaba en la Casa de Expósitos (hospicio) de A Coruña. Básicamente, cuidaba a 30 niños huérfanos con presupuesto cero en una instalación que era un infierno de pobreza.
Uno de esos 22 niños de la expedición, de nombre Benito, tenía 7 años. Las investigaciones sugieren que era su propio hijo natural o adoptivo.
Cuando Balmis la reclutó para la expedición en octubre de 1803, él no podía permitirse llevar militares, médicos, o gente que tuviera mayor formación. Necesitaba a alguien que pudiera mantener vivos 22 niños cruzando océanos, durante meses, en condiciones que hoy consideraríamos un crimen de lesa humanidad.
Seleccionó a una madre.
No porque fuera heroína. Porque Benito estaba en esa lista. Y ella no podía decirle que no a un rey.
Las condiciones: porque hay que ser honertos
Balmis escribió sobre las condiciones en el barco:
Los niños dormían en el suelo hacinados, muy mal colocados en un paraje de la Santa Bárbara lleno de inmundicia y de grandes ratas que los atemorizaban, tirados en el suelo rodando y golpeándose unos y otros con los vaivanes del barco.
Letalmente, casi grotescamente, así viajaban los 22. En hacinamiento. Entre ratas. Sin higiene. Durante semanas.
Y cada 8-10 días, uno de ellos era inoculado intencionadamente con un virus. Sin promesa de que sobreviviría.
¿Y quién estaba allí, “infatigable noche y día”, según el propio Balmis escribiría después?
Isabel Zendal.
No haciendo investigación. No escribiendo papers. Limpiando. Curando. Sosteniendo a un niño con fiebre mientras el barco se mecía como un demonio y las ratas corrían alrededor.
Piensa en esto: mientras el niño tiene 39 de fiebre, mientras sus linfocitos T están multiplicándose a velocidad exponencial, mientras su cuerpo está montando la respuesta inmunológica más potente que un cuerpo virgen puede montar, Isabel está allí.
Mojando trapos. Sosteniendo su cabeza. Limpiando vómito cuando la travesía oceánica se vuelve insoportable. Limpiando pústulas.
Manteniendo a ese niño vivo hasta que sus anticuerpos neutralicen el virus y pueda seguir al siguiente.
Balmis lo describió así:
Con el excesivo trabajo y rigor de los diferentes climas que hemos recorrido, perdió enteramente su salud, infatigable noche y día ha derramado todas las ternuras de la más sensible madre sobre los angelitos. Los ha asistido enteramente en sus continuadas enfermedades.
Y luego Isabel Zendal se quedó en Puebla de los Ángeles, México, donde murió años después en la sombra.
Los 22 niños españoles nunca volvieron a su país. Fueron ingresados en un hospicio de pobres en Ciudad de México.
Los números que salvaron vidas.
Pero los números cuentan una historia diferente.
500.000 personas fueron inoculadas directamente por la Expedición Balmis.
Medio millón. En tiempo real. En 3 años de travesía.
En Cuba: 3.000+ vacunaciones, luego se estableció la primera Junta de Vacunación que vacunaría a 300.000 personas en las siguientes 3 décadas.
En México: 100.000 niños en una sola provincia.
En Puerto Rico: Decenas de miles.
En Filipinas: 20.000.
En Chile, Perú, Colombia, Ecuador: más decenas de miles.
Pero el número importante no es medio millón. Es el que vino después.
Cada Junta de Vacunación que Balmis establecía, cada red local que entrenaba, cada “Casa de Vacunación” que fundaba eso generaba más inmunidad. El virus se propagaba localmente. Los médicos continuaban la cadena.
Millones de personas fueron salvadas indirectamente.
El naturalista Alexander von Humboldt (que viajaba por el mismo continente en las mismas fechas) vio la expedición y escribió algo que merece grabarse en letras de oro:
La Expedición Balmis es el viaje más memorable en los anales de la historia
Porque salvar medio millón de vidas mientras cruzas el mundo (aunque nadie lo reconozca, aunque los niños se queden en orfanatos mexicanos, aunque Isabel muera en el olvido) eso es memorable.
La cadena humana que comenzó con 22 huérfanos gallegos en 1803 nunca se rompió. De hecho, fue la chispa que encendió la erradicación de la viruela casi 200 años después.
La gesta silenciada
La viruela fue oficialmente erradicada en 1980. Es la única enfermedad humana completamente eliminada. La OMS declaró fin a la pandemia.
¿Sabes cómo comenzó esa cadena de erradicación?
Con 22 niños. Una enfermera sin formación. Y una corbeta llamada María Pita.
Balmis escribió un libro. Fue olvidado.
Isabel Zendal luchó contra ratas, enfermedades y desesperación. Murió en el anonimato.
Los 22 niños nunca fueron a casa.
Pero 500.000 personas no murieron de viruela directamente. Y millones más fueron salvadas por las redes que dejaron atrás.
En 1803, no había fondos de inversión en salud global. No había ONU. No había “iniciativas humanitarias certificadas.”
Solo un médico brillante, una madre desesperada, 22 huérfanos, y la medicina más heroica que jamás se ha ejecutado.
Queridos pediatras
Cuando Laura, me pidió grabar un vídeo juntas, tuve claro que sería este: la gesta que une dos siglos de salud.
La medicina no es laboratorios ni equipamiento.
Es lo que hizo Isabel Zendal en un barco infernal. Lo que hacemos cada día que entramos a un quirófano.
Vacúnate. Duda siempre. Agradece a los niños de 1803.
Audio del artículo
Fuentes
Real Expedición Filantrópica de la Vacuna
https://es.wikipedia.org/wiki/Real_Expedici%C3%B3n_Filantr%C3%B3pica_de_la_VacunaBalmis: La expedición española que llevó la vacuna
http://www.csic.es/es/actualidad-del-csic/balmis-la-expedicion-espanola-que-llevo-la-vacuna-de-la-viruela-asia-y-americaExpedición Balmis (1803-1810)
https://www.cultura.gob.es/cultura/areas/archivos/mc/centros/cida/4-difusion-cooperacion/4-1-guias-de-lectura/homenaje-personal-...La Expedición Balmis: Un hito humanitario
https://fundacionpharmamar.com/event/expedicion_balmis/El viaje de la vacuna contra la viruela
https://balmis.org/articulos/articulo-2/Isabel Zendal y la expedición Balmis
https://vacunasaep.org/profesionales/noticias/isabel-zendal-y-expedicion-balmisIsabel Zendal - Primer viaje sanitario internacional
https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/blog/historia/articulo/isabel-zendal-la-historia-del-primer-viaje-sanitario-internacio...Los 22 niños gallegos que salvaron el mundo
https://www.cadena100.es/programas/marta-docampo/videos/histora-los-ninos-gallegos-que-salvaron-mundo-viruela-20200525_1116820Los niños vacuníferos de la expedición
https://www.cultura.gob.es/dam/jcr:5a2d4aec-45e0-4088-a2d4-52e550a32ec0/documento-mes-agi-abril-2020-compressed.pdfBenito, el ‘niño vacuna’ del barco Balmis
https://www.elmundo.es/cronica/2019/08/29/5d601efb21efa091038b45a7.htmlEdward Jenner y la primera vacuna
https://alumni.usal.es/edward-jenner-la-primera-vacuna-la-historia/Variolation vs Vaccination
https://www.oreateai.com/blog/variolation-vs-vaccination-a-historical-perspective-on-immunization/5d08f41ded3f26fad483d22224dc87...The History of Variolation
https://historyofvaccines.org/blog/the-history-of-variolation/El cirujano Balmis y los 22 niños
https://www.lavozdegalicia.es/xlsemanal/historia/balmis-vacuna-viruela-expedicion-espanola-isabel-zendal-jenner-lady-montagu.htm...Viruela: cómo una vacuna erradicó la primera enfermedad
https://www.farmaindustria.es/web/reportaje/viruela-como-una-vacuna-consiguio-erradicar-la-primera-enfermedad-contagiosa-en-el-m...Los linfocitos T: guardianes clave
https://www.misistemainmune.es/inmunologia/componentes/los-linfocitos-t-mediadores-de-la-inmunidad-celularComponentes celulares del sistema inmunitario
https://www.msdmanuals.com/es/professional/inmunolog%C3%ADa-y-trastornos-al%C3%A9rgicos/biolog%C3%ADa-del-sistema-inmunitario/co...Bicentenario de la expedición de la vacuna
http://www.scielo.edu.uy/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1688-03902007000100002La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna
http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0465-546X2007000400010



Como pasé tantos minutos leyendo esto sin detenerme y encantada? El poder de una buena redacción (e historia) gracias Doc!
Muchas gracias. Hospital Condesa de Zendal