Por qué las mujeres suplicaban parir en la calle antes que entrar en su hospital
Te voy a contar la historia más loca que conozco de la medicina. Y después te voy a contar por qué me identifico con ella cada vez que propongo algo y me miran como si acabara de defecar en el suelo del quirófano.
1847. Viena. Ignaz Semmelweis tiene 28 años. Es médico ayudante en el Hospital General de Viena. Clínica de Maternidad. Primera División. Y todos los días ve morir mujeres.
No algunas. Muchas. Una de cada diez mujeres que pare en su clínica, muere. Fiebre puerperal. Fiebre alta. Escalofríos. Dolor. Infección. Muerte. Lo normal. Bueno, no. Lo normal no. Pero así eran las cosas.
Excepto que en la clínica de al lado morían tres veces menos
Mismo hospital. Misma ciudad. Mismo año. La única diferencia: en la “Primera División” trabajaban médicos. En la “Segunda”, matronas. Las mujeres embarazadas lo sabían.
Cuando llegaban al hospital, suplicaban (imagino que literalmente, suplicaban) que las metieran en la Segunda División. Preferían que las atendiera una matrona sin estudios universitarios que un médico con título. Porque las matronas no las mataban.
Semmelweis era buen observador. Tomaba notas. Miraba. Y lo que vio fue esto: Las mujeres que parían en la calle (sorprendidas por el parto de camino al hospital, en el suelo sucio de Viena) tenían menos probabilidades de morir que las que parían dentro del hospital.
Léelo otra vez. Parir en la calle era más seguro que parir en un hospital. ¿Cómo demonios era posible eso?
Sus colegas tenían teorías. Que si los miasmas (vapores venenosos invisibles). Que si el hacinamiento. Que si la ventilación. Que si las posiciones durante el parto. Uno incluso dijo que era por el recorrido del cura.
Resulta que el cura que daba la extremaunción a las moribundas atravesaba la Primera División tocando una campanita. Y eso, según este genio, asustaba a las parturientas y las predisponía a morir. Semmelweis, desesperado, le pidió al cura que entrara por otro lado y sin campanita.
Siguieron muriendo igual
Y entonces pasó algo. Un amigo suyo. Dr. Jakob Kolletschka. Médico forense. 43 años. Estaba haciendo una autopsia. Un estudiante le pinchó en un dedo con el bisturí.
Dos semanas después: muerto. Síntomas: fiebre alta, escalofríos, infección generalizada. Exactamente igual que la fiebre puerperal.
Y Semmelweis lo vio. Los médicos de su clínica hacían autopsias por la mañana. Abrían cadáveres. Tocaban vísceras putrefactas. Metían las manos en cuerpos muertos. Y después iban directamente a atender partos. Sin lavarse las manos.
Bueno, se las lavaban “superficialmente”. Con agua. Quitándose los trozos grandes. Las matronas no hacían autopsias. No tocaban cadáveres, y por eso sus pacientes no morían.
La solución era tan ridículamente simple que daba vergüenza. Lavarse las manos. Con una solución de hipoclorito cálcico. Básicamente, lejía. Semmelweis lo implementó en mayo de 1847. La mortalidad pasó del 18% al 0,23%. Casi eliminó la fiebre puerperal de su clínica.
¿Y sabes qué le pasó?
Le echaron. No renovaron su contrato. Sus colegas se sintieron insultados. Porque la implicación era clara: ellos estaban matando a sus pacientes. Médicos educados. Con título universitario. Respetables. ¿Matando pacientes por no lavarse las manos Inaceptable. Así que en vez de lavarse las malditas manos, echaron a Semmelweis.
Él se fue a Budapest. Siguió trabajando. Publicó sus hallazgos. Nadie le hizo caso. Escribió cartas a médicos prominentes. Les llamó asesinos. Parece que eso no les gustó.
En sus últimos años, Semmelweis empezó a desmoronarse. Se abalanzaba sobre parejas embarazadas en la calle. Les rogaba que exigieran a sus médicos lavarse las manos. Crisis de llanto. Depresión.
Su mujer, preocupada, autorizó su ingreso en un psiquiátrico. Le llevaron con engaños el 30 de julio de 1865. Cuando se dio cuenta, intentó escapar. Los guardias le dieron una paliza. Camisa de fuerza. Celda oscura. Duchas frías. Purgas. Horas amarrado a la cama.
Murió dos semanas después.
13 de agosto de 1865. 47 años. Causa de muerte: septicemia. Infección de las heridas de la paliza. La misma enfermedad que había dedicado su vida a prevenir. Murió de lo que sabía cómo evitar.
Veinte años después, Pasteur desarrolló la teoría microbiana. Y el mundo finalmente aceptó que Semmelweis tenía razón. Demasiado tarde.
Hace unos años propuse algo en mi hospital. Dije que quizás estaría bien librar el día después de una guardia de 24 horas.
Me miraron como si hubiera perdido el juicio
“Siempre se ha hecho así.” “Es parte de la formación.” “Nosotros lo hicimos.” Un cirujano que lleva 30 horas despierto no debería estar trabajando.
Igual que un médico con las manos llenas de restos de cadáver no debería estar metiendo esas manos dentro de una mujer pariendo.
Pero el “siempre se ha hecho así” es más fuerte que el sentido común. Es más fuerte que los datos. Es más fuerte que la lógica. Porque cambiar significa admitir que estábamos equivocados. Y el ego no lo permite.
Semmelweis murió en un psiquiátrico. Yo solo recibí miradas de reproche. No es lo mismo. Pero la estructura mental es idéntica.
Hoy existe el “Efecto Semmelweis”
Es el rechazo automático de cualquier conocimiento nuevo porque contradice lo establecido. Lo veo todos los días. Propones algo. Con datos. Con lógica. Y la respuesta es: “Pero siempre lo hemos hecho de la otra manera.”
Como si la tradición fuera un argumento. No lo es. Nunca lo ha sido. Semmelweis tenía razón. Y murió solo, a palos, en un psiquiátrico. Mientras sus colegas seguían sin lavarse las manos.
No sé qué conclusión sacar de esta historia. Quizás ninguna. Quizás solo que la próxima vez que alguien te diga “siempre se ha hecho así”, recuerdes que durante décadas los médicos mataban a sus pacientes por no lavarse las manos.
Y cuando alguien lo señaló, le encerraron y le mataron a palos. Afortunadamente, los residentes ya han conseguido librar después de las guardias.
Llámame loca si quieres.
Fuentes
Perfil completo en español (vida, hallazgos, publicación de 1861, rechazo de colegas, legado): https://es.wikipedia.org/wiki/Ignaz_Semmelweis
Reportaje divulgativo en español con narrativa clara del “salvador de madres” y el choque con su época: https://www.bbc.com/mundo/noticias-49653058
Reseña moderna en español sobre su aportación y el método antiséptico de manos con datos: https://www.christeyns.com/es-es/semmelweis-lavarse-las-manos-salva-vidas/
Página en español con el dato clave: caída de mortalidad del 10% (5–30%) a 1–2% tras instaurar lavado con hipoclorito cálcico en 1847: https://es.wikipedia.org/wiki/Ignaz_Semmelweis
Síntesis divulgativa en español sobre la diferencia entre Clínica I (médicos) y Clínica II (matronas) y el protocolo de lavado: https://www.christeyns.com/es-es/semmelweis-lavarse-las-manos-salva-vidas/
Relato del episodio forense que le lleva a la hipótesis de transmisión por manos contaminadas y la solución de hipoclorito: https://es.wikipedia.org/wiki/Ignaz_Semmelweis
Implementación en mayo de 1847 y reducción drástica de la fiebre puerperal; datos de mortalidad y metodología: https://es.wikipedia.org/wiki/Ignaz_Semmelweis
Artículo que cuenta su demonización y el reconocimiento póstumo como “Salvador de madres”: https://www.bbc.com/mundo/noticias-49653058
Recurso histórico en español sobre el lavado de manos y la evidencia temprana de Semmelweis: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1025-02552020000500015
Crónica que narra su internamiento y la ironía trágica de morir por sepsis: https://www.bbc.com/mundo/noticias-49653058




"Siempre se ha hecho así", la lógica de la frase es "aplastante". Eso no sólo ocurre en la medicina, sucede en todas las profesiones y en todos lo ámbitos.
Como me entretienen tus historias, y si encima tienen moraleja ¡alucino!