Calígula: cómo una inflamación de 3 milímetros casi destruye la civilización
una inflamación cerebral creó al monstruo
Gaius Julius Caesar (Calígula) es la prueba médica más brutal de que la personalidad no es el alma: es pura mecánica.
Vamos a ser claros: a mí me traen un paciente con el cuadro clínico de Calígula a urgencias un sábado por la noche y no llamo al exorcista ni al filósofo moral. Pido un TAC craneal urgente y aviso a Neurocirugía.
La historia nos ha vendido a Calígula como el villano perfecto de un cómic de DC. Pero si te pones las gafas de médico (y apagas el ruido de los historiadores escandalizados), lo que ves es mucho más aterrador. Calígula no era “malo”. Calígula era un sistema operativo corrupto. Un “hardware” biológico de alto rendimiento que sufrió un fallo catastrófico de refrigeración y reinició en modo seguro... sin los drivers de la empatía.
El caso clínico más devastador de la antigüedad no ocurrió en un hospital, sino en el trono del Imperio Romano. Lo que le pasó a Calígula no fue “maldad” ni “locura”. Fue un fallo catastrófico de hardware que nadie supo diagnosticar.

El paciente antes de la lesión: el “chico de oro”
Olvídate de las películas. El Calígula que subió al trono en marzo del 37 d.C. no era un monstruo. Era “Botita” (Calígula), la mascota de las legiones. Era un gestor competente, amnistió a presos políticos, bajó impuestos y mostró una empatía genuina por su familia.
Su córtex prefrontal (esa maravilla evolutiva que nos permite planificar, frenar impulsos y entender las consecuencias) funcionaba como un reloj suizo.
Hasta que llegó:
Noviembre del 37 d.C.: el colapso del sistema
Apenas seis meses después de ser coronado, Calígula enfermó. Los historiadores describen fiebres violentas, insomnio y un estado comatoso. Hoy, con la ficha clínica en la mano, barajamos tres sospechosos principales:
Encefalitis viral: Una inflamación del cerebro.
Status epilepticus: Una crisis convulsiva que no cesa, “friendo” neuronas por falta de oxígeno.
Intoxicación aguda por plomo: El veneno invisible de la aristocracia romana.
Sea cual fuera la causa, el resultado fue una lesión neuroencefálica severa. El Calígula que entró en esa cama murió en ella. Quien despertó fue otra persona. O mejor dicho: un cerebro sin director de orquesta.
Anatomía de un tirano (o por qué el lóbulo frontal importa)
Cuando despertó, Roma creyó que el emperador había sobrevivido. Se equivocaban. Lo que emergió fue un paciente con síndrome disejecutivo de libro.
1. El filtro roto (desinhibición orbitofrontal) La zona orbitofrontal de tu cerebro es la que te dice: “No toques eso”, “No digas eso”, “No te acuestes con la mujer del cónsul en medio de la cena”. Esa zona de Calígula se borró del mapa. Su famosa “depravación” no era vicio; era la incapacidad mecánica de reprimir un impulso. Si lo pensaba, lo hacía. Sin filtro.
2. La empatía desconectada La crueldad de Calígula se volvió legendaria. Pero vista bajo el microscopio, se parece terriblemente a la psicopatía adquirida por lesión cerebral. Los circuitos que conectan la acción con la repercusión emocional estaban cortados. Ordenar una ejecución o pedir más vino le generaba la misma respuesta fisiológica: ninguna.
3. Delirios y el caballo Cónsul ¿Verdaderamente llegó a nombrar cónsul a su caballo Incitatus? ¿Parece ser que sólo amenazó con hacerlo? Lo que pasó ahí dentro fue una carnicería a nivel celular. Piensa en el lóbulo frontal como el director de Recursos Humanos” del cerebro. Es el que te dice:
Oye, Gaius, no nombres cónsul a tu caballo, que queda raro en el LinkedIn
Mejor no te acuestes con la mujer de ese senador en medio de los entrantes
Esa fiebre de noviembre frió literalmente esos circuitos. Fue una lobotomía natural. El paciente sobrevivió, pero el “usuario” anterior fue eliminado del sistema.
El diagnóstico que llegó 2000 años tarde
Los senadores romanos pensaron que el poder lo había corrompido. Los cristianos dijeron que estaba poseído. La realidad es mucho más aterradora.
Aquí es donde la cosa se pone interesante para los que nos va la fisiopatología. Roma no entendía de neurobiología. Para nosotros, es mecánica pura.
Probablemente, la presión intracraneal durante la fiebre causó isquemia (falta de riego) en zonas críticas. Roma estuvo gobernada durante casi cuatro años por un paciente que hoy estaría incapacitado legalmente para firmar una hipoteca, y mucho menos para dirigir una superpotencia.
Al final, la Guardia Pretoriana no cometió un magnicidio. Hizo una intervención quirúrgica radical (y bastante sucia) para extirpar un tejido que estaba gangrenando el Imperio.
La historia no la escriben solo los vencedores; a veces, la reescribe un virus, una bacteria o un traumatismo que nadie vio venir.
La prueba definitiva: de Calígula a Phineas Gage
Si te cuesta creer que un emperador romano se volviera un monstruo solo por una “avería” en el lóbulo frontal, tengo la prueba definitiva. No en Roma, sino en Vermont, en 1848.
¿Recordáis el vídeo que subí hace poco sobre Phineas Gage? El capataz de ferrocarril al que una barra de hierro le atravesó el cráneo a toda velocidad, llevándose por delante gran parte de su corteza prefrontal izquierda.
Sobrevivió, sí. Pero el Phineas amable y responsable murió en las vías. El hombre que quedó era impulsivo, grosero, caprichoso e incapaz de planificar el futuro. Sus propios amigos dijeron que “Gage ya no era Gage”.
Phineas Gage es la “piedra Rosetta” que nos permite traducir los textos antiguos sobre Calígula a diagnósticos neurológicos modernos. Gage es la confirmación clínica de que si rompes el hardware, cambias radicalmente al usuario.
La historia de Calígula es la de Phineas Gage, pero con el poder absoluto de un imperio en sus manos. Y nos recuerda que la línea entre la civilización y el caos puede ser tan fina como unos milímetros de tejido gris.
El lado oscuro de la cura
El siglo XIX descubrió por accidente (con Gage) qué pasaba cuando se destruía el lóbulo frontal. Pero la historia se vuelve mucho más oscura en el siglo XX, cuando algunos médicos decidieron que si destruir esa zona cambiaba la personalidad... quizás podían usarlo como tratamiento. A propósito.
Esa es una historia para otro día. Una historia sobre premios Nobel, picahielos y cómo la medicina moderna perpetró una de sus mayores atrocidades en nombre de la “cura” mental.
Fuentes
Caligula: a neuropsychiatric explanation of his madness
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9231447/Understanding Caligula: The Role of Illness and Power
https://ericdorfman.com/2025/02/18/understanding-caligula-the-role-of-illness-and-power/Caligula’s Severe Illness (Late 37 CE)
https://gertitashkomd.com/caligulas-severe-illness-late-37-ce/Neurological Diseases in the Julio-Claudian Dynasty of the Roman Empire
https://brewminate.com/searching-for-neurological-diseases-in-the-julio-claudian-dynasty-of-the-roman-empire/Frontal Lobe Syndrome - StatPearls - NCBI Bookshelf
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK532981/Personality in Frontal Lobe Disorders
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5786154/Frontal Lobe Syndrome: Improving Patient Quality of Life (Psychiatric Times)
https://www.psychiatrictimes.com/view/frontal-lobe-syndrome-improving-patient-quality-of-lifeLead Poisoning and Rome (Enciclopedia Romana de la Universidad de Chicago)
https://penelope.uchicago.edu/encyclopaedia_romana/wine/leadpoisoning.htmlThe Disturbingly Long History of Lead Toxicity in Winemaking
https://www.wineenthusiast.com/culture/wine/lead-toxicity-wine-history/







Fascinante!!!. Si es real eso de que la enfermedad es falta de firmeza, sin que por eso exista ninguna sombra de culpa, sino desconocimiento, y porque somos mucho más que el maravilloso cuerpo, se me ocurren cosas :
La preservación de la salud es muy importante y hay que participar en ella de modo activo com mucha sensatez y equilibrio para no facilitar oportunismo a ninguna enfermedad.
Aunque la moral de Calígula fue alterada por la enfermedad fue necesaria mucha cooperación maligna para que pudiera hacer lo que hizo. A lo Sherlock yo diría que había uno o más sugeridores, aunque yo he visto alucinaciones impresionantes por inflamación cerebral. Si no sugerían por lo menos no impedían, tal vez porque fuera conveniente. Y esto me lleva a la terrible actualidad. Podemos especular si hay enfermedad o pura depravación en muchos dirigentes, sin poner nombres pero todos sabemos. No se van y no se les invita a irse, nadie les lleva al médico y me jugaría mucho, aunque no apueste, a qué son piezas fundamentales del hundimiento.
Me voy a suscribir porque es fascinante lo que escribes, la tremenda documentación, tú inteligencia tas brillante. También porque me encanta la medicina, a los ocho años me leía con pasión la información de medicina que tenía a mi alcance, claro que también me leía el código de la circulación, pero era más aburrido sin duda.
Agradezco leer tus textos de realidad tangible y a la vez sorprendente. Y la forma que tengo es la suscripción.
Bravo! Lo haces de P.M.
Me gustan tus textos sobre historia y medicina. Súper interesantes.